Colombia acaba de autorizar la venta de flor de cannabis en farmacias, un hecho que marca un antes y un después en la regulación del cannabis medicinal en América Latina. El permiso permitirá su comercialización bajo receta médica y con fines exclusivamente terapéuticos, una medida que promete abrir el mercado nacional y consolidar al país como potencia regional en producción de cannabis medicinal.
Desde 2016, Colombia había legalizado el uso medicinal del cannabis, pero solo para derivados como aceites o extractos. La flor —la parte más natural y utilizada de la planta— permanecía fuera del alcance del consumidor local, pese a que gran parte del mundo ya la empleaba para aliviar dolores crónicos, ansiedad o efectos secundarios de tratamientos oncológicos.
Angélica Parra, directora técnica de una empresa agrícola en Cota, celebró la decisión: “Era la pieza que faltaba para cerrar el ciclo del cannabis medicinal colombiano: cultivo, transformación, exportación y ahora, consumo nacional”.
El nuevo decreto permitirá que los pacientes accedan a la flor seca de cannabis bajo prescripción médica, principalmente como analgésico o para tratamientos complementarios de salud mental. Sin embargo, el proceso aún no está completo: durante los próximos cinco meses, las autoridades deberán emitir una reglamentación técnica que defina los estándares de calidad, distribución y venta.
El especialista en cannabis medicinal, doctor Ricardo Urbina, explicó que la flor tiene ventajas sobre los derivados tradicionales: su vía inhalatoria produce efectos más rápidos y controlables, algo clave para crisis de ansiedad, náuseas por quimioterapia o dolor agudo. “Es una herramienta terapéutica con gran potencial, siempre que se use con supervisión médica”, señaló.
Actualmente, Colombia cuenta con más de 3,000 licencias activas para siembra y transformación de cannabis medicinal, y varias empresas exportan flor y derivados a Europa. Con esta autorización, podrían destinar al mercado nacional la flor que no cumple con estándares de exportación, reduciendo desperdicios y ampliando la oferta local.
Aun así, no faltan los desafíos. El activista Julián Quintero advierte que una sobrerregulación podría frenar el avance del sector: “El decreto dice que se puede vender, pero las instituciones encargadas de regularlo son conservadoras. Si no hay una visión moderna, podríamos perder la oportunidad de liderar la región”.
Por ahora, el país celebra un paso histórico que pone a Colombia en el mapa mundial de la medicina basada en cannabis. Una victoria para pacientes, productores y científicos que ven en la planta no un estigma, sino una alternativa segura, natural y respaldada por la evidencia médica.










