Durante años, millones de personas han puesto sonidos de lluvia, mar o viento para poder dormir mejor. El famoso “ruido rosado” se volvió tendencia en aplicaciones y máquinas para descansar, prometiendo noches más profundas y tranquilas.
Pero ahora la ciencia empieza a cuestionar esa promesa. Un estudio de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, sugiere que el ruido rosado podría estar afectando una parte clave del sueño: la fase REM.
La investigación, publicada en la revista Sleep, analizó a 25 adultos sanos, de entre 21 y 41 años, durante siete noches consecutivas en laboratorio. Algunas noches durmieron en silencio; otras, con ruido rosado, ruido de aviones, ambos sonidos combinados o usando tapones para los oídos.
¿El resultado? El ruido rosado a 50 decibeles —similar a una lluvia moderada— redujo casi 19 minutos de sueño REM por noche. Esta fase es fundamental porque el cerebro procesa emociones, organiza recuerdos y recupera energía emocional.
El ruido de aviones también afectó el descanso: recortó unos 23 minutos de sueño profundo. Sin embargo, los tapones para los oídos prácticamente anularon ese impacto, convirtiéndose en la solución más sencilla y efectiva.
Cuando combinaron ambos ruidos, el efecto fue peor: menos sueño profundo, menos REM y más tiempo despiertos. Los participantes describieron su descanso como ligero y fragmentado, y las pruebas de alerta confirmaron que no estaban realmente recuperados.
Mathias Basner, profesor a cargo del estudio, advirtió que estos sonidos podrían ser especialmente delicados en niños, quienes pasan más tiempo en fase REM. También señaló que aún faltan estudios para entender los efectos a largo plazo.
Hoy millones de personas —y muchos padres con bebés— confían en máquinas de sonido para dormir. Pero la recomendación es clara: cuidado con el volumen y el tiempo de exposición. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad básica. Y a veces, el silencio puede ser el mejor aliado.










