Durante años, muchas personas han repetido una frase que parece sentencia: “quien engaña una vez, engaña siempre”. Ahora, la ciencia podría darles la razón. Investigaciones realizadas por especialistas de las universidades de Harvard y Northwestern encontraron que las personas que han sido infieles tienen más probabilidades de volver a hacerlo en el futuro.
De acuerdo con los investigadores Maryam Kouchaki y Francesca Gino, uno de los principales factores es que el cerebro humano tiende a “olvidar” o minimizar estos actos. Este mecanismo funciona como una especie de defensa emocional: el subconsciente suprime recuerdos incómodos para evitar sentimientos de culpa, lo que facilita repetir el comportamiento sin tanto conflicto interno.
Pero eso no es todo. El estudio también identificó un fenómeno conocido como “doble distanciamiento”. Esto significa que las personas que cometen infidelidad suelen juzgar más severamente las acciones de otros que las suyas propias, reduciendo así el peso moral de su propia conducta.
Otra investigación complementaria, liderada por el científico Neil Garrett, reveló que el cerebro se adapta al engaño. La primera vez que una persona miente o traiciona, experimenta emociones negativas intensas, como culpa o ansiedad. Sin embargo, con el tiempo, el cerebro se desensibiliza, disminuyendo esa reacción emocional y facilitando que el comportamiento se repita.
Los especialistas aclaran que esto no significa necesariamente que las personas infieles sean “malas”, sino que el cerebro humano tiene la capacidad de adaptarse a comportamientos que inicialmente generan conflicto emocional.
En pocas palabras, la ciencia sugiere que la infidelidad no es solo una decisión del momento, sino un patrón que puede fortalecerse con el tiempo si no se confronta de manera consciente. El estudio abre la puerta a entender mejor el comportamiento humano en las relaciones y cómo nuestras emociones y memoria influyen en nuestras decisiones afectivas.










