Un adolescente llora al escuchar Bohemian Rhapsody en vivo. Una mujer se estremece frente a “La noche estrellada”. Un hombre siente la piel de gallina mientras recita versos en el metro. Para muchos, estas reacciones parecen exageradas. Pero la ciencia acaba de demostrar que no lo son.
Investigadores del Instituto Max Planck para la Psicolingüística descubrieron que la tendencia a sentir escalofríos ante la música, la poesía o el arte visual está parcialmente escrita en el ADN. El estudio, publicado en PLOS Genetics, analizó a más de 15 mil personas en Países Bajos y encontró que cerca del 30% de la variación en esta sensibilidad emocional tiene origen genético.
Sí, esa piel chinita que aparece cuando una canción “te pega” o cuando una pintura te deja sin palabras podría estar relacionada con ciertos genes heredados.
Los científicos explican que algunos genes aumentan la sensibilidad artística en general, mientras que otros influyen solo en medios específicos, como la música o la literatura. Es decir, alguien puede llorar con un poema pero no sentir lo mismo ante una melodía.
El equipo liderado por Giacomo Bignardi también encontró que la personalidad influye: quienes tienen mayor apertura a nuevas experiencias suelen ser más propensos a estos llamados “escalofríos estéticos”.
Pero ojo, no todo está en la genética. El entorno también cuenta. Crecer en un hogar donde se escucha música, se leen libros o se visitan museos puede potenciar esta sensibilidad.
En resumen, emocionarse profundamente con el arte no es debilidad ni exageración. Es, en parte, biología. Y también una prueba de que el arte sigue siendo una de las experiencias más poderosas que puede vivir el ser humano.










