Sentir sueño todo el día, incluso después de dormir bien, no es tan raro como parece. De hecho, uno de cada cinco adultos sufre lo que se conoce como somnolencia diurna excesiva (SED), una condición que provoca la necesidad incontrolable de dormir siestas, ataques de sueño y un cansancio que no se quita ni con ocho horas de descanso.
Un reciente estudio publicado en EBioMedicine reveló que no solo la genética influye en este trastorno: la alimentación y ciertas moléculas en la sangre también juegan un papel clave. Los investigadores identificaron siete metabolitos relacionados con la SED y confirmaron que alimentos con tiramina —como quesos curados, carnes ahumadas, bebidas alcohólicas y encurtidos— aumentan el riesgo de sentirse agotado durante el día.
En contraste, los alimentos ricos en omega-3 y omega-6, presentes en pescados grasos, semillas, frutos secos y aceites vegetales, mostraron un efecto protector. Es decir, una dieta al estilo mediterráneo podría ayudarte a mantener la energía y mejorar tu ciclo de sueño-vigilia.
El especialista Tariq Faquih, del Hospital Brigham and Women’s de Boston, destacó que medir estos metabolitos y ajustar la dieta podría convertirse en una estrategia efectiva para reducir los síntomas. Además, recomienda a quienes sospechen padecer SED utilizar cuestionarios en línea como la Escala de Somnolencia de Epworth antes de acudir al médico.
La conclusión de los investigadores es clara: la combinación entre genética y hábitos alimenticios influye en cómo y cuánto dormimos durante el día. Y aunque la SED puede ser incómoda y hasta peligrosa, pequeños cambios en la dieta pueden marcar la diferencia.










