El Museo Naval de Madrid vivió un momento de tensión el 12 de octubre, día en que España celebra la llamada Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad. Mientras el desfile militar recorría las calles del centro y los aviones sobrevolaban la ciudad, dentro del museo dos activistas irrumpieron en una sala y arrojaron pintura roja sobre un cuadro del siglo XIX que retrata la llegada de Cristóbal Colón al continente americano.
El lienzo, titulado Primer homenaje a Cristóbal Colón y pintado por José Santiago Garneldo y Alda en 1892, muestra al navegante con una actitud heroica frente a un grupo de indígenas que lo reciben sumisos, entregándole ofrendas. La escena, vista hoy desde una mirada crítica, encarna siglos de interpretación colonial que todavía divide opiniones.
Las activistas, pertenecientes a la organización Futuro Vegetal, gritaron “¡12 de octubre, nada que celebrar!” y “¡No más genocidio y explotación!”, antes de ser retenidas por el personal del museo. La pintura utilizada era vegetal y biodegradable, por lo que los restauradores aseguraron que el daño a la obra será reversible.
El gesto, sin embargo, abrió un debate mucho más profundo que el impacto visual: la memoria histórica, la representación del pasado y las formas de protesta. Futuro Vegetal explicó que la acción busca denunciar “los siglos de opresión, explotación y genocidio” contra los pueblos originarios de América y exigir que el Estado español reconozca esas injusticias históricas.
La protesta también sirvió para visibilizar otra causa que el colectivo defiende: la crisis climática. Argumentan que la industria ganadera es uno de los mayores motores de deforestación y emisiones contaminantes en el planeta, además de promover un consumo insostenible de carne.
Mientras las activistas eran detenidas, algunos visitantes las insultaron y calificaron su acto de “ignorante”. Otros, en cambio, grabaron la escena y la difundieron en redes, donde el video se viralizó en minutos, reavivando la discusión sobre los límites del arte, la memoria y la protesta ambiental.
Más allá del cuadro manchado, el mensaje quedó claro: el pasado colonial y la crisis ambiental siguen entrelazados, y el 12 de octubre ya no es solo una fecha de celebración, sino un espejo incómodo que obliga a cuestionar qué historia seguimos honrando.










