La fotografía mexicana perdió a una de sus voces más poderosas: Rodrigo Moya, quien falleció este miércoles a los 91 años en su casa de Cuernavaca, Morelos, acompañado de su familia y de su esposa Susan Flaherty, con quien compartió más de cuatro décadas.
Moya deja un legado invaluable: más de 40 mil negativos que documentan con crudeza y sensibilidad los movimientos sociales, las desigualdades y los contrastes que marcaron a México y América Latina en los años 50 y 60.
El fotógrafo de la verdad
Nacido en Medellín en 1934 y nacionalizado mexicano, Moya es recordado por su célebre retrato “Che melancólico” (1964), una imagen icónica del líder revolucionario Ernesto Guevara tomada en La Habana. Su lente no buscaba la pose, sino capturar la historia viva y la lucha de los pueblos.
Tras el asesinato del Che en 1968, Moya decidió abandonar el fotoperiodismo, convencido de que su misión había cambiado. Ese mismo año fundó la revista Técnica Pesquera, que dirigió por más de 20 años, sin abandonar su pasión por el periodismo y la documentación.
Un archivo que es memoria
En los años 90, Moya regresó a sus negativos, que había dejado en pausa casi tres décadas. Ese reencuentro derivó en exposiciones y libros que hoy son referentes, como Rodrigo Moya: México (2022), obra que describió como su propia “máquina del tiempo”.
Su archivo ha sido reconocido internacionalmente y sigue mostrando imágenes inéditas que reflejan los contrastes del México urbano y rural, del arte y la conmoción social.
Reconocimientos y legado
En 2014, recibió la Presea Cervantina en el Festival Internacional Cervantino. En 2019, el Museo Amparo y el Palacio de Bellas Artes rindieron homenaje a su trayectoria con grandes retrospectivas.
En 2022, presentó en Bellas Artes el catálogo Rodrigo Moya: México/Periferias, obra galardonada con el Premio Antonio García Cubas.
Moya solía decir: “Más que un buscador de imágenes, fui un buscador de contrastes sociales”. Y así será recordado: como un fotógrafo que entendió la cámara como herramienta de memoria, verdad y transformación social.
Su muerte marca el fin de una vida dedicada a mostrar lo que muchos preferían no ver, pero su obra seguirá hablando por generaciones.










