A cuatro décadas del sismo que sacudió a México el 19 de septiembre de 1985, la Cineteca Nacional prepara una conmemoración que va más allá de la nostalgia: se trata de un ejercicio de memoria colectiva, cine y resistencia.
Del 19 al 25 de septiembre, la Cineteca Nacional México y la Cineteca Chapultepec presentarán el ciclo A 40 años del sismo de 1985, con una selección de documentales, cortos y materiales de archivo que buscan recordar cómo la gente común, organizada desde la emergencia, levantó al país en medio de la tragedia.
El programa incluye la versión restaurada de No les pedimos un viaje a la luna (1986), dirigida por María del Carmen de Lara. Este documental es clave porque retrata a las mujeres costureras que perdieron compañeras y familiares tras el derrumbe de fábricas textiles, y que, en medio del dolor, iniciaron un movimiento de organización política y laboral. La función inaugural de esta obra restaurada se realizará el viernes 19 de septiembre en la Sala 10 de la Cineteca Nacional, con la presencia de la propia directora, sobrevivientes del 85 y la especialista en cine Adriana Bellamy.
Además, se proyectarán otros títulos que documentaron de manera inmediata la tragedia y la reconstrucción: Los actores de la reconstrucción (1987), Temblor (1985), Noticiero continental 1480 (1985), México: Una Ciudad Entre Ruinas (1985), Para muestra basta un botón (1987) y Después del sismo (1991). Estas piezas, filmadas entre la urgencia y la memoria, ofrecen distintas miradas sobre los efectos del desastre y la resiliencia social.
El cine no estará solo. En paralelo, se inaugurará la exposición fotográfica En Memoria, 1985, con obra del reconocido fotoperiodista Pedro Valtierra. La muestra reúne 24 imágenes: algunas publicadas en los días posteriores al sismo, otras en la revista Cuartoscuro, y varias inéditas que se presentan por primera vez. El corte de listón será el viernes 19 a las 17 horas en el vestíbulo de la Sala 1 de la Cineteca Nacional. La exposición permanecerá abierta hasta el 19 de octubre.
Este doble programa, cinematográfico y fotográfico, no solo recuerda la magnitud de la tragedia, sino que rescata el valor de la memoria como herramienta para aprender, resistir y honrar a quienes ya no están. La cultura, en este caso, se convierte en un espejo para entender la fuerza del pueblo mexicano y su capacidad de levantarse incluso en los momentos más oscuros.










