Un libro infantil está despertando interés en todo México y ahora comienza a llegar a miles de niñas y niños con una propuesta distinta: contar, desde la mirada de un niño wixárika, la historia de una peregrinación ancestral que combina espiritualidad, naturaleza y valores comunitarios. Se trata de El gran viaje de Totu, escrito por Leonardo Fernández y editado en colaboración con organizaciones y la UNESCO.
El relato sigue a Totu, un pequeño que emprende un viaje junto a su padre y su abuelo hacia Wirikuta, uno de los sitios más sagrados del pueblo wixárika. Su objetivo es pedir por la salud de su hermano enfermo, pero en el trayecto descubre algo aún más profundo: la relación vital entre el ser humano y la naturaleza. Cada cerro, cada manantial y cada sendero se convierte en maestro y en memoria viva de un pueblo que ha protegido su herencia por siglos.
Más de 79 mil niñas y niños en estados como Guerrero, Nayarit, Jalisco, Durango, Oaxaca, Veracruz y Chiapas recibirán ejemplares de esta obra. No es solo un libro para leer, sino una puerta para reflexionar sobre la importancia de respetar el entorno, reconocer la diversidad cultural y entender que la tierra y el agua son la base de nuestra existencia.
Totupica Candelario Robles, representante wixárika y asesor en la edición, explica que Totu representa a cualquier niño que aprende a valorar lo que lo rodea. El libro se convierte así en una lección de empatía, al mismo tiempo que transmite conocimientos ancestrales.
Con ilustraciones coloridas y una narrativa accesible, El gran viaje de Totu busca acercar a los más pequeños a la cosmovisión indígena, recordándoles que la cultura no es solo historia pasada, sino una práctica viva que enseña a cuidar lo que tenemos.
La iniciativa también resalta la importancia del aprendizaje socioemocional. Al acompañar a Totu en su viaje, los lectores se enfrentan a valores como la solidaridad, la compasión y la resiliencia. Es un recordatorio de que las historias pueden ser herramientas poderosas para construir generaciones más conscientes y respetuosas.
Más allá de su función pedagógica, el libro es también un homenaje al pueblo wixárika, que con sus prácticas espirituales mantiene vivo el diálogo entre humanidad y naturaleza. Al mismo tiempo, se convierte en un símbolo de cómo la literatura infantil puede ser un puente entre culturas, generaciones y territorios.
En cada página, Totu invita a detenernos, a mirar con otros ojos y a reconocer que cuidar la naturaleza y respetar la diversidad no es una opción: es la única forma de garantizar un futuro compartido.










