A veces la historia no se grita, se talla en piedra. Y eso fue exactamente lo que ocurrió hace más de tres milenios.
En 1896, el egiptólogo británico Flinders Petrie descubrió en Tebas, hoy Luxor, una enorme estela de granito negro. La pieza había sido erigida por el faraón Merneptah, hijo de Ramsés II, alrededor del año 1208 a. C.
Hoy es conocida como la Estela de Merneptah o “Estela de Israel”, y contiene un himno de victoria donde el faraón presume sus campañas militares en Libia y Canaán.
Hasta ahí, propaganda imperial egipcia. Lo sorprendente viene al final.
Entre los pueblos sometidos aparecen nombres como Ascalón, Gezer y Yanoam. Y también uno que ha generado debate durante más de un siglo: Israel.
La inscripción dice:
“Israel está devastado, su simiente ya no existe”.
No es un texto hebreo ni una cita bíblica. Es un registro egipcio. Y precisamente por eso su valor histórico es tan potente.
¿Qué significa realmente?
El detalle clave no está solo en el nombre, sino en el jeroglífico que lo acompaña. A diferencia de las ciudades mencionadas, Israel no aparece como una urbe, sino como un grupo humano, una entidad étnica.
Es decir, para Egipto, Israel no era una ciudad-estado, sino un pueblo establecido en Canaán.
Historiadores como James K. Hoffmeier y Kenneth Kitchen coinciden en que esta es la mención extrabíblica más antigua conocida del nombre “Israel”.
El historiador William G. Dever, incluso desde una postura crítica, reconoce que la estela prueba que a finales del siglo XIII a. C. existía un pueblo identificado como Israel en Canaán.
¿Por qué importa hoy?
Durante décadas, algunos enfoques críticos sostuvieron que Israel como pueblo habría sido una construcción literaria tardía, posterior al exilio babilónico.
Sin embargo, esta estela demuestra que el nombre ya circulaba siglos antes.
No “prueba” la Biblia en su totalidad, pero sí confirma que el marco histórico —un pueblo llamado Israel en Canaán en el siglo XIII a. C.— pertenece al mundo real del antiguo Cercano Oriente.
Como señaló el egiptólogo Donald B. Redford, el texto muestra que Israel era “una entidad socioétnica reconocible” para Egipto.
Y eso, viniendo de un imperio que no escribía para hacerle propaganda a Israel, sino para glorificar a su faraón, tiene peso histórico.
¿Dónde está la estela?
La pieza mide casi tres metros de altura y se conserva actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.
Ahí, en la parte inferior del texto jeroglífico, puede leerse la línea que ha dado tanto de qué hablar.
Una piedra levantada para exaltar a un faraón terminó dejando constancia del nombre de un pueblo que sigue siendo protagonista de debates históricos y religiosos hasta hoy.
La historia, a veces, no se discute: se encuentra grabada en granito.










