Si pensabas que la fotografía era solo cosa de cámaras digitales o de filtros de Instagram, hay una técnica del siglo XIX que sigue viva y más creativa que nunca: la cianotipia. Este proceso fotográfico, creado en 1842 por el astrónomo inglés John Herschel, produce imágenes en un azul intenso conocido como azul de Prusia. Aunque él lo inventó, fue la botánica Anna Atkins quien lo llevó a otro nivel al usarlo para ilustrar plantas en su famoso libro British Algae: Cyanotype Impressions (1843), considerado la primera obra con fotos de la historia.
Durante mucho tiempo, la cianotipia fue la reina de los planos arquitectónicos. Sí, esos “blueprints” que se usaban para reproducir diseños a bajo costo. Pero con la llegada de nuevas tecnologías, quedó en el olvido… hasta ahora.
Hoy, la cianotipia está de moda entre artistas y educadores. Su sencillez, bajo costo y la posibilidad de revelarla con luz solar la hacen ideal para proyectos creativos y ecológicos. Se puede aplicar en papel, tela, madera o cerámica, y hasta se puede jugar con virados en té o café para darle tonos sepia.
Además, no es solo arte: también es ciencia. Su proceso involucra reacciones químicas que resultan perfectas para enseñar a estudiantes cómo la luz transforma la materia. Así, la cianotipia conecta creatividad, historia y conocimiento en una sola hoja azul.
Este resurgimiento no solo recupera una técnica antigua, también nos recuerda que lo clásico puede reinventarse y seguir inspirando.










