¿Alguna vez te han dicho que las marcas oscuras en la cara visible de la Luna parecen un conejo? La tendencia a ver imágenes en objetos cotidianos, llamada pareidolia, es algo que todos experimentamos, especialmente durante la infancia. El pintor catalán Pablo Picasso creía que mantener esta capacidad puede ser una señal de genialidad.
La pareidolia no solo se limita a momentos fugaces. A veces, se convierte en una parte integral de la cultura de una sociedad. Un ejemplo de esto es el «Tsuki no Usagi» o «conejo de la Luna», una figura visible en la superficie lunar que ha inspirado mitos y leyendas en diversas culturas a lo largo del tiempo.
El 29 de octubre de 2012, el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón reveló que la figura del conejo en la Luna se formó debido al impacto de un meteorito gigante hace unos cuatro mil millones de años. Esta región, conocida como «Procellarum» (Mar de las Tormentas), es una vasta cuenca de impacto que cubre un área mayor que la suma de las superficies de Francia, Italia, España y Portugal.
En Japón, el «Tsuki no Usagi» es un símbolo omnipresente en el arte, la música y la literatura. Por ejemplo, la figura aparece en el «Konjaku Monogatari», una colección de historias antiguas. Además, la diosa Kaguya, inspirada en este mito, es un personaje popular en el manga y anime «Naruto Shippūden».
Una de las leyendas más conmovedoras relata cómo un mono, un zorro y un conejo se encontraron con un anciano hambriento. El mono recogió nueces y el zorro pescó peces, pero el conejo, incapaz de encontrar comida, se arrojó al fuego para ofrecerse como alimento. El anciano, que resultó ser el dios Taishakuten, envió al conejo a la Luna como símbolo de sacrificio y misericordia. La sombra parecida al humo alrededor de la figura del conejo se dice que es el humo del fuego.
En China, Corea y Japón, el conejo en la Luna también se asocia con un mortero. En la versión china, el conejo acompaña a la diosa lunar Chang’e, moliendo los ingredientes del elixir de la vida. En Japón y Corea, el conejo muele ingredientes para hacer «mochi», tortas de arroz. Este proceso se llama «Mochitsuki», lo mismo que la Luna llena.
Esta historia tiene paralelos en los cuentos Jātaka budistas y el horóscopo chino, donde el conejo es uno de los doce animales y se dice que visitó al príncipe Siddhartha en su lecho de muerte.
«Usagi no Mochitsuki» es una canción japonesa que narra esta historia, evocando la dulce imagen de los conejos haciendo «daifuku» mochi, rellenos de pasta de judías dulces. Esta visión amable es similar a la poesía de Jaime Sabines, quien escribió sobre el poder curativo y encantador de la Luna.










