El Museo Universitario del Chopo cumple 50 años y, fiel a su historia, lo celebra como solo él sabe hacerlo: rompiendo moldes, mezclando comunidades y recordando que su fuerza siempre ha venido de lo experimental, lo crítico y lo diverso. Desde 1975, este recinto en Santa María la Ribera ha sido refugio de expresiones que no encontraban espacio en la cultura tradicional, y hoy sigue defendiendo ese espíritu.
Su directora, Sol Henaro Palomino, resume la esencia del Chopo con una frase que ya se volvió parte de su identidad: “Este es un centro social travestido de museo”. No exagera. Aquí han nacido tianguis, festivales LGBT+, encuentros de artes vivas y movimientos que después llegaron a otras instituciones. El Chopo no solo expone arte: acompaña procesos, genera comunidad y abre camino a nuevas prácticas sociales.
Para celebrar su aniversario, el museo preparó una jornada completa el 25 de noviembre, de 11 a 21 horas. Habrá tres exposiciones nuevas: El vuelo de Quetzalcoatlus, de Marta Palau; Operación queer; y Radiográficas: El cuerpo interior, de Héctor de Anda. También se presentarán las Musas Sonideras, reforzando esa mezcla de arte contemporáneo con cultura urbana que ha caracterizado al Chopo durante décadas.
Uno de los proyectos más simbólicos es la restauración de Quetzalcoatlus, la monumental obra de Marta Palau presentada originalmente en 2003. El proceso de reconstrucción fue público y ahora la pieza vuelve a elevarse en una de las salas más altas del recinto, recordando la importancia de preservar la memoria artística.
La directora también anunció Agentes Chopo, una nueva publicación creada para acercar a la niñez al arte contemporáneo, con entrada gratuita para menores acompañados. El reto, asegura, es formar nuevas generaciones que vean al museo como un espacio propio y cotidiano.
Otro eje clave en esta nueva etapa será mirar hacia Latinoamérica, especialmente Centroamérica, para ampliar colaboraciones y construir diálogos más profundos. Henaro quiere que el museo sea un territorio intergeneracional, capaz de atraer jóvenes, pero también a niñas, niños y adultos mayores, reforzando el derecho a la cultura para todas las edades.
Además de restauraciones estructurales como puertas, bancas y el sitio web, el archivo del museo —el Repositorio Desobediente— también renovará su diseño, reafirmando el compromiso del recinto con la documentación y la memoria de las prácticas artísticas.
A lo largo de sus cinco décadas, el Museo del Chopo ha demostrado que la rebeldía también es una forma de cuidar la cultura. Su vocación experimental y su apertura a las identidades, comunidades y expresiones emergentes lo han convertido en un punto de referencia imprescindible en la escena de arte contemporáneo en México.
El 25 de noviembre celebran 50 años… pero en realidad celebran algo más grande: medio siglo sin perder su esencia.










