Cada 25 de diciembre, millones de personas celebran la Navidad convencidos de que ese día nació Jesús. Sin embargo, historiadores y expertos bíblicos coinciden en algo clave: no existe un registro que confirme esa fecha como el día real de su nacimiento.
Los Evangelios narran el nacimiento de Jesús, pero nunca mencionan una fecha exacta. Uno de los indicios más citados está en el Evangelio de Lucas, donde se habla de pastores cuidando sus rebaños durante la noche. Especialistas en el clima de Judea señalan que esto sería poco probable en diciembre, cuando el frío obliga a resguardarse, lo que sugiere que el nacimiento ocurrió en meses más templados, como primavera u otoño.
Entonces, ¿por qué el 25 de diciembre? La respuesta está en la historia del Imperio Romano. En el siglo IV, esa fecha coincidía con celebraciones paganas muy arraigadas, como el solsticio de invierno y el nacimiento del dios Sol Invicto. Para facilitar la adopción del cristianismo, la Iglesia decidió resignificar la fecha y colocar ahí el nacimiento de Jesús, presentado como la “Luz del Mundo”.
Este dato no invalida la Navidad. Al contrario, ayuda a entenderla como una celebración cargada de simbolismo, esperanza y renovación. Hoy, más allá del calendario, la Navidad sigue siendo un momento para reunirse, reflexionar y compartir.










