Este 20 de agosto, el escultor japonés-mexicano Kiyoto Ota recibió la Medalla Bellas Artes 2025, el máximo reconocimiento otorgado por el INBAL a quienes han dejado huella en el arte y la cultura. Un homenaje que celebra más de cinco décadas de trayectoria y la influencia profunda de un artista que convirtió la escultura en un puente entre dos mundos: México y Japón.
La ceremonia se realizó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde colegas, estudiantes y autoridades culturales reconocieron el legado de Ota. Alejandra de la Paz, directora del INBAL, destacó su doble papel como creador y maestro: “Kiyoto no solo ha transformado la escultura mexicana, también ha formado generaciones que hoy son protagonistas del arte contemporáneo”.
Un viaje que cambió la historia
Nacido en Nagasaki en 1948, Ota llegó a México en 1972 para ampliar sus horizontes artísticos. Lo que comenzó como una aventura se convirtió en un compromiso vital. Estudió en La Esmeralda y en el Centro de Investigación y Experimentación Plástica, donde fusionó la precisión japonesa con la libertad creativa mexicana.
Su trabajo destaca por la paciencia, la atención al detalle y un respeto absoluto por el material. Cada pieza es el resultado de un diálogo íntimo entre tradición y experimentación. Este enfoque lo hizo único, y le valió el cariño de sus colegas, quienes lo describen como “el japoteco”, por su arraigo en la cultura mexicana.
El maestro detrás de la obra
En 1983, Ota se integró como profesor en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM (hoy Facultad de Arte y Diseño). Durante 35 años formó a generaciones de escultores, enseñando más que técnicas: transmitió una filosofía basada en la disciplina, la concentración y la pasión por la creación.
Su impacto no se limita a las aulas. Quienes fueron sus estudiantes afirman que les enseñó a mirar el arte con humildad y rigor, a entender que la escultura no es solo oficio, sino una forma de pensamiento.
Un reconocimiento y un legado
La Medalla Bellas Artes reconoce esta doble dimensión: un creador incansable y un formador de talentos que ayudó a renovar la escultura mexicana. Además, se anunció que en 2026 el Museo del Palacio de Bellas Artes dedicará una retrospectiva a su obra, una oportunidad única para redescubrir su influencia y comprender la magnitud de su aporte.
Kiyoto Ota ha demostrado que el arte no conoce fronteras. Desde Nagasaki hasta Ciudad de México, su vida y su obra son prueba de que la perseverancia y la pasión pueden esculpir la historia.










