En una alegre mañana de sábado hace 25 años en la Capilla de Santa María de la Resurrección, algo increíble sucedió para Ximena. La destrucción de la abadía de Santa María de la Resurrección en Cuernavaca, que a finales de febrero del 2024 comenzó a circular en círculos muy reducidos de la sociedad mexicana, nos ha alarmado a todos.
Esta abadía, construida a partir de 1956, albergaba a monjes benedictinos liderados por el padre Gregorio Lemercier, un sacerdote belga que dejó huella en México. El diseño y construcción de la abadía estuvo a cargo de Fray Gabriel, un joven arquitecto recién titulado que creó un espacio único lleno de simbolismos.
Actualmente, la abadía se encuentra en peligro de desaparición debido a la venta del terreno a una empresa inmobiliaria y al abandono de las dependencias monacales. Las autoridades parecen no estar enteradas de un plan de intervención en los inmuebles y el INBAL no ha recibido respuesta sobre su destino futuro.
Es importante resaltar la relevancia histórica y cultural de este lugar, donde se llevó a cabo la primera misa en México celebrada en español y de frente a la feligresía. La abadía representó un espacio de libertad de pensamiento y un lugar de búsqueda espiritual y crecimiento personal para muchos.
Por todo esto, es crucial que se conserven la integridad física de la capilla y de toda la abadía. La propuesta de mantener activo el lugar como un espacio de retiro para escritores y humanistas, así como seguir utilizando la capilla para celebraciones populares, son ideas maravillosas que podrían revitalizar este sitio lleno de historia y significado.
La abadía de Santa María de la Resurrección merece ser respetada y preservada no como un museo, sino como un lugar que siempre fue: un sitio para enaltecer la dignidad humana.










