Después de 14 meses en silencio, uno de los íconos más queridos de París volvió a la vida: las aspas del Moulin Rouge giraron nuevamente este jueves por la noche, marcando el regreso de una tradición con más de 135 años de historia. El emblemático cabaret del barrio Montmartre recupera así su silueta característica, justo a tiempo para la temporada turística que acompañará los Juegos Olímpicos de París 2024.
Fue a las 23:00 horas cuando las nuevas aspas —de seis metros de largo, construidas en aluminio y acero— comenzaron a moverse gracias a un motor eléctrico hecho a medida. Cientos de parisinos y turistas se reunieron frente al cabaret para presenciar el momento. Las bailarinas de la compañía, cubiertas de plumas rojas, celebraron el encendido como un acto simbólico de renacimiento.
El 25 de abril de 2024, las antiguas aspas colapsaron debido a una falla en el eje central, arrastrando consigo parte de las letras del letrero de la fachada. A pesar del impacto visual y emocional, el Moulin Rouge nunca cerró sus puertas. Con una programación continua de dos espectáculos diarios durante todo el año, el cabaret siguió atrayendo a 1,700 espectadores cada noche, la mitad de ellos extranjeros.
El espectáculo principal, “Féerie”, es una celebración del París bohemio y artístico, desde 1900 hasta nuestros días, cerrando cada función con el famoso French Cancan. Las “Doriss Girls”, herederas del estilo clásico, siguen siendo parte esencial del show que ha hecho del Moulin Rouge un lugar de culto global.
Con la instalación del nuevo motor —que permite el giro diario de las aspas de 16:00 a 2:00 horas— el Moulin Rouge no solo recupera su estética, sino también su energía. Las aspas están ahora iluminadas por cientos de focos LED de bajo consumo que respetan el diseño original en rojo y dorado.
La dirección del cabaret agradeció los miles de mensajes de apoyo recibidos desde todo el mundo tras la caída. “El Moulin sin aspas estaba triste”, dijo su director, Jean-Victor Clérico. “Este regreso es una promesa cumplida con París y su historia”.
El Moulin Rouge también ha apostado por el futuro: recientemente inauguró dentro de sus instalaciones una “ciudad de oficios de arte”, donde trabajan maestros del plumaje y el bordado, declarados Patrimonio Vivo por el Ministerio de Cultura de Francia.
Hoy, con sus aspas girando de nuevo, el Moulin Rouge demuestra que la tradición no está reñida con la reinvención. París recupera uno de sus latidos más brillantes.










