LCTC y LAVP David Muñoz Carranza
Nos encontramos en el mes de noviembre, que, por antonomasia, es el más simbólico e identitario, un tiempo en el que se vive por todo lo alto una de las tradiciones más mexicanas, con un fuerte arraigo ancestral; y, en lo que corresponde al campo del arte, tampoco es la excepción.
Uno de los pintores más famosos que ha dado nuestro país es, sin duda, el maestro Saturnino Herrán, quien se ha destacado por la perfecta manufactura de sus obras maestras, entre las que se incluyen tanto obras de caballete como murales. Sin embargo, la que específicamente encaja con el tema de hoy es la titulada “La ofrenda” (1913), en la que observamos a una familia plasmada en el lienzo desplazándose en una trajinera.
Se aprecia a la madre cargando a su bebé en la espalda, como lo han hecho milenariamente en la tradición indígena, utilizando su rebozo para llevar a sus hijos. Por otro lado, un hombre se encuentra de pie, sosteniendo un remo para impulsar la trajinera. En el extremo opuesto, otro varón carga sobre su espalda numerosos ramos de la flor más emblemática, la flor de cempasúchil, que se convierte en el elemento principal de la obra. Son, pues, los cempasúchil los que se observan en este medio de transporte, que va pletórico de estas peculiares flores llevadas para realizar las ofrendas correspondientes. Con sus tonos intensos de naranja, que saltan a la vista del espectador, esta obra es, sin duda, una verdadera obra maestra realizada con gran perfección por el maestro Herrán.
A este listado se une también el reconocido maestro Diego Rivera, quien también siempre se destacó por ser un ferviente defensor de la cultura mexicana y de sus emblemáticas tradiciones; en la obra, vemos el lienzo en el que vemos a una familia en oración haciendo ofrendas, y con elementos como las luces de velas, flores, algunas vasijas, al igual que un sahumerio del que sale humo, en el recinto de esa escena. En la parte posterior, de igual manera, se observan más familias que viven esa tradición cien por ciento mexicana.
Otra obra de gran calado es el mural que igualmente realizó el maestro Rivera, en el que observamos a varias familias que se encuentran rezando u orando por sus seres más queridos. Este mural, por las dimensiones que tiene y la perspectiva que manejó perfectamente el maestro Rivera, fue realizado a la perfección, ya que manejó una vista de picada o vista de pájaro, en la cual se observa de arriba hacia abajo. Es por ello que hay que destacar el buen manejo de esta herramienta plástica, así como los colores, las expresiones de cada uno de los personajes plasmados, las vestimentas, los elementos ornamentales y los demás elementos propios de la tradición: las velas, la iluminación de las mismas, las tonalidades empleadas, las flores tan características de estas fechas, al igual que las plantas en la parte de atrás del mural, le dan ese plus a la obra.
Otra pieza artística de gran valor nacional, en la que se resalta de una manera exquisita a uno de los personajes con más arraigo en las tradiciones mexicanas y que está muy presente, es la afamada catrina; personaje creado por el artista hidrocálido José Guadalupe Posada. Es el mural que lleva por título “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, en donde se observa más de un centenar de personajes representativos de nuestro México de aquellas épocas, y en un primer plano se observa la catrina, al lado de otro célebre personaje, Frida Kahlo. A la hora de la composición de este mural, el maestro Diego Rivera quiso desplegar una serie de personas que fueran referentes en nuestra cultura y que fueran un reflejo de la sociedad de nuestro México. Es por ello que la creación de Posada (la catrina) se ubica en esta primera fila de gente. Rivera tuvo la certeza de que los espectadores se identificaran con todo ese abanico tan vasto de mujeres y hombres plasmados ahí a la hora de contemplar el mural.
Y ubicándonos en una época más actual, se encuentra el artista Tareack Rivera, quien nos ofrece una ilustración, en la que vemos con la creación de nuevas tecnologías, donde el artista realizó esta imagen digital, la cual nos transmite ternura, el personaje principal es un niño maquillado con una máscara que representa las tradiciones ancestrales, en donde los personajes son creados de mundos oníricos, mitológicos o de ciertas cosmovisiones prehispánicas; y que hilvana con varios elementos mexicanos de esta celebración milenaria; dando como resultado final una representación muy nacionalista, ya que lo viste con el traje típico del charro mexicano (otro elemento a destacar), además, recrea de manera muy precisa con ciertas pinceladas digitales, lo que bien podrían ser pequeños pétalos de la flor de cempasúchil; en pocas palabras, es una obra totalmente redonda, donde el talento del artista mexicano, crea con pocos elementos la pieza, que bien se merece estar en este listado de obras alusivas a estas festividades tan identitarias de nuestro país.
Cabe mencionar que esta celebración del mes de noviembre llama mucho la atención de otros países, donde este tipo de festividades no se llevan a cabo con tanto ahínco, fervor y fe. Es por ello que, en muchos pueblos de las distintas latitudes de nuestro país, numerosos extranjeros se quedan maravillados ante esta forma tan particular de celebrar, la cual se realiza de una manera tan especial y respetuosa que sólo se vive y se recrea año con año en nuestro querido México. Esa es una razón más que suficiente para que sigamos preservando nuestras tradiciones y así continuar fortaleciendo aquello que nos representa y nos une, para que las próximas generaciones mantengan vivo el legado de una de las costumbres más mexicanas de todos los tiempos.










