En el corazón de Tepic, artistas y ciudadanas realizaron un funeral simbólico para despedir lo que consideran la muerte de sus derechos culturales. El féretro, colocado frente al Palacio de Gobierno, no contenía un cuerpo, sino una protesta: la demolición de la Ciudad de las Artes, ordenada por el gobierno de Nayarit para construir, en su lugar, un estadio de fútbol.
Vestidos de negro, entre letanías adaptadas, canciones como Amor eterno y un cortejo fúnebre cargado de simbolismo, las y los integrantes del Movimiento de Defensa de la Ciudad de las Artes alzaron la voz para denunciar la pérdida de un espacio público construido para fomentar el arte, y que ahora se sustituirá por un proyecto que ni siquiera figura en el Plan Estatal de Desarrollo.
La protesta no fue un evento aislado, sino la continuidad de una lucha ciudadana que exige respeto al derecho humano a la cultura, al medio ambiente y a la consulta pública. La artista urbana Sara Marte explicó que el performance fue una forma pacífica y creativa de evidenciar el desdén del gobierno estatal por los espacios culturales y por las decisiones judiciales.
Esto, porque pese a que jueces federales ordenaron suspender la obra como medida cautelar, el gobierno de Miguel Ángel Navarro Quintero ha continuado con los trabajos. Según denuncias de manifestantes, hay por lo menos 15 dependencias estatales involucradas en el desacato, lo que pone en entredicho el respeto al Estado de Derecho.
La demolición también ha tenido costos ambientales: más de 190 árboles fueron retirados del predio sin que se haya dado claridad sobre su reubicación ni el impacto ambiental total. El nuevo estadio, llamado Nicolás Álvarez Ortega, tendrá una capacidad de 12,500 personas y un costo estimado de 315 millones de pesos, sin fuente de financiamiento confirmada y en un contexto de adeudos estatales.
Para muchas voces, este megaproyecto no solo invisibiliza la cultura, sino también la voluntad ciudadana. Artistas y habitantes denuncian hostigamiento, intimidación a trabajadores del estado e incluso acusaciones públicas que buscan desacreditar la movilización, reduciéndola a «intereses personales».
El Movimiento de Defensa de la Ciudad de las Artes asegura que seguirá organizando acciones pacíficas para visibilizar su lucha. Insisten: la cultura no puede ser arrasada sin consecuencias. El futuro de Nayarit se debate hoy entre gradas de concreto o espacios vivos para el pensamiento, la crítica y la creación.










