En Estados Unidos no solo se libra una batalla política, también se vive una batalla cultural. El presidente Donald Trump impulsa lo que muchos llaman una purga cultural, una estrategia para borrar de los espacios públicos las historias de minorías, migrantes, indígenas, afroestadunidenses y la comunidad LGBT.
Museos, galerías y centros culturales han comenzado a cerrar o modificar sus exhibiciones. Un ejemplo fue la clausura anticipada de la galería Historia Latina en el Museo Nacional de Historia Estadunidense, que presentaba obras sobre la experiencia migrante y la herencia cultural de los latinos en el país. Oficialmente se cerró “por renovaciones”, pero la lista de piezas retiradas coincide con las órdenes de la Casa Blanca.
Entre ellas estaba El 4 de julio desde el sur de la frontera, del caricaturista mexicano Felipe Galindo Feggo, que retrataba migrantes viendo fuegos artificiales a través del muro. Para el gobierno, estas expresiones eran “inconsistentes” con la visión nacional. El artista respondió que la censura recuerda a regímenes autoritarios donde se clasificaba al arte como “degenerado”.
La purga no se limita a las artes visuales. Obras de teatro con temática LGBT, conciertos de artistas de minorías y piezas que hablan de esclavitud, racismo o injusticias históricas han sido canceladas. Incluso directivos de museos y centros culturales han sido removidos, mientras la Casa Blanca promueve el arte “patriótico” y conservador.
Una estatua de papel maché que representaba a una mujer con piel morena, jitomates y la frase “Yo también soy estadounidense”, símbolo de la lucha de jornaleros agrícolas, también fue cuestionada. Al mismo tiempo, se evalúan programas educativos, bibliotecas y archivos para “alinearlos con la visión del excepcionalismo estadounidense”.
El impacto va más allá de lo artístico: significa silenciar la pluralidad de voces que forman parte del país. Bibliotecarios, artistas y académicos han advertido que borrar estas historias es una traición a la democracia, pues la identidad de Estados Unidos se construye sobre múltiples luchas y comunidades.
Aunque las medidas generan rechazo y protestas, también han fortalecido la resistencia de quienes creen que el arte y la memoria no pueden ser borrados con decretos. La creatividad, dicen, siempre encuentra grietas por donde sobrevivir.










