Un documento que parecía perdido en el tiempo volvió a casa. Se trata de la Proclamación de Huejotzingo, un manuscrito fechado en 1554 y escrito en náhuatl latinizado, que fue recuperado en Estados Unidos y entregado oficialmente a Puebla.
Este texto registra el nombramiento de Francisco Vázquez como tecuhtli, máxima autoridad indígena local dentro del sistema colonial. La firma de fray Juan de Alameda y de otros funcionarios de la época lo convierten en una joya histórica: un testimonio vivo del proceso de adaptación de las estructuras políticas indígenas a la administración virreinal española.
El documento conserva rúbricas de personajes relevantes como Felipe Asuero, el gobernador Cristóbal de Guebara y los alcaldes Calisto de Moscoso y Juan de Almonte. Su valor radica no solo en la antigüedad, sino en lo que cuenta: la transición entre dos mundos, la resistencia cultural y la manera en que los pueblos originarios se adaptaron a nuevas formas de gobierno sin borrar su identidad.
La pieza fue recuperada en mayo de 2025 gracias al trabajo del Archivo General de la Nación (AGN) en coordinación con la Secretaría de Relaciones Exteriores. Tras ser identificado, estudiado y certificado, el manuscrito fue devuelto al municipio de Huejotzingo como un acto de restitución simbólica.
El director del AGN, Carlos Enrique Ruiz Abreu, señaló que este gesto representa más que la devolución de un papel antiguo: significa recuperar una voz que había sido silenciada por el expolio y el tiempo. “Cada documento que vuelve es parte de nuestra memoria que se rehace”, destacó.
La Proclamación de Huejotzingo se relaciona con registros del Fondo Documental “Mercedes”, que ayuda a entender con mayor claridad cómo interactuaban las comunidades originarias con la corona española. Este tipo de piezas permiten reconstruir la historia no solo desde la visión oficial, sino también desde las experiencias de los pueblos que vivieron los procesos coloniales.
Hoy, este manuscrito vuelve a ser parte de la memoria colectiva. En Huejotzingo se convertirá en un símbolo de identidad y en una oportunidad para que nuevas generaciones se acerquen a su pasado con orgullo. Un recordatorio de que la historia no se pierde mientras exista la voluntad de recuperarla.










