El Colegio de San Ildefonso abrió al público Tzompantli, el mural de gran formato de Gustavo Monroy que dialoga, sin pedir permiso, con un siglo de muralismo mexicano. Son 3.10 metros de alto por 11 de largo, óleo sobre tela, instalados en el primer piso del patio principal. Podrá visitarse hasta el 29 de marzo de 2026.
La obra nace en 2020, cuando el hallazgo de una nueva sección del Huei Tzompantli coincidió con el duelo de la pandemia. Monroy cruzó ambas memorias —la prehispánica y la reciente— para levantar un paisaje de hileras de cráneos que no solo evocan muerte: hablan de ciclo, sacrificio y renacimiento. Entre ruinas, armas contemporáneas, cielos humeantes y naturaleza, el mural arma un mapa emocional del país.
El artista se autorretrata y, con humor negro y templanza, se mide con Orozco, Siqueiros y Leal en el mismo recinto. No es un guiño gratuito: el “Museo Vivo del Muralismo” busca tender puentes entre los maestros y las urgencias actuales. Aquí, las dos serpientes funcionan como cauce simbólico del Mictlán hacia la vida, una ruta donde la memoria individual es frágil pero la memoria colectiva perdura.
Técnicamente, el ensamble en paneles móviles respeta la arquitectura del patio y convierte al Tzompantli en huésped que conversa, no que invade. Conceptualmente, recupera el espíritu didáctico del muralismo: se entiende, conmueve y cuestiona. Es arqueología pictórica hecha en tiempo presente.
Visítalo: Colegio de San Ildefonso (Justo Sierra 16, Centro Histórico, CDMX). Martes a domingo, 11:00 a 17:30 h. Saldrás con más preguntas que respuestas… y justo de eso se trata










