Yorgos Lanthimos vuelve al cine con una película que no busca caer bien, sino incomodar. Bugonia, su nueva apuesta para 2025, confirma que el director griego sigue obsesionado con los límites entre la razón, el miedo y el poder, esta vez con una historia que parece ridícula… hasta que deja de serlo.
La cinta es una reinterpretación del filme surcoreano Save the Green Planet y combina sátira social, terror psicológico y humor negro. Lanthimos parte de una premisa extrema: dos hombres secuestran a una poderosa empresaria farmacéutica convencidos de que no es humana, sino una alienígena enviada para destruir el planeta. Lo inquietante no es la idea, sino la facilidad con la que puede resultar creíble.
Emma Stone encarna a Michelle Fuller, una figura fría y calculadora que representa el poder corporativo contemporáneo. Su interpretación se mueve entre el control absoluto y una ambigüedad que mantiene al espectador en constante duda. A su alrededor, Jesse Plemons y Aidan Delbis dan vida a personajes atrapados entre el fanatismo, el miedo y la necesidad de encontrar explicaciones simples a un mundo complejo.
Lanthimos utiliza esta tensión para retratar una época marcada por la desinformación, las teorías conspirativas y la desconfianza hacia todo lo que representa autoridad. En Bugonia, el terror no surge de criaturas externas, sino de la fragilidad mental colectiva y de la facilidad con la que las mentiras pueden organizarse como verdades absolutas.
El simbolismo es clave. El título remite a un antiguo mito griego que afirmaba que las abejas nacían de cuerpos en descomposición. La metáfora es clara: de una sociedad en decadencia pueden emerger nuevas ideas, pero no necesariamente mejores. El director plantea un mundo donde la paranoia se alimenta del abandono social, la desigualdad y la saturación informativa.
Visualmente, la película conserva el sello Lanthimos: planos fríos, silencios prolongados, diálogos incómodos y una estética que contrasta el lujo del poder con la precariedad de quienes viven al margen. Esa distancia visual refuerza el conflicto moral que atraviesa toda la historia.
Bugonia no ofrece respuestas ni redenciones. Su objetivo es incomodar y obligar al espectador a confrontar una pregunta incómoda: ¿quién decide qué es verdad cuando todos creen tener razón? En tiempos donde todo se viraliza y el miedo se monetiza, Lanthimos confirma que el cine aún puede ser un espacio para la reflexión, incluso cuando resulta perturbador.










