Conciliar el sueño no siempre es tan simple como cerrar los ojos. Según expertos de la Cleveland Clinic, lo normal para una persona adulta es quedarse dormida entre 10 y 20 minutos después de acostarse. Dormirse mucho más rápido o tardar demasiado puede ser señal de que algo no anda bien.
Quedarse dormido en segundos podría ser más un aviso de cansancio extremo que de descanso óptimo. La psicóloga Michelle Drerup explica que esto refleja que el cuerpo no ha tenido las 7-9 horas de sueño que necesita, y se traduce en somnolencia, irritabilidad y falta de concentración durante el día.
Por otro lado, permanecer despierto más de 30 minutos al acostarse puede indicar insomnio. Si esto ocurre varias noches por semana y dura más de tres meses, lo recomendable es buscar ayuda profesional.
Mejorar la calidad del sueño puede ser tan simple como ajustar hábitos: mantener horarios fijos, crear rutinas relajantes, evitar pantallas antes de dormir y adecuar la habitación para que sea oscura, silenciosa y fresca. Limitar cafeína y cenas pesadas también ayuda a dormir mejor.
Dormir bien es tan importante como comer o hidratarse. Ignorar los problemas de sueño puede afectar tu energía, ánimo y salud general. Por eso, prestar atención a estas señales es clave.










