Han pasado más de 500 años desde la Conquista, pero las cicatrices del colonialismo siguen vivas en la memoria colectiva de México. Recientemente, el gobierno español reconoció “el dolor y las injusticias” sufridas por los pueblos originarios durante la ocupación, un gesto simbólico que reavivó un debate que parecía adormecido: ¿basta con admitirlo o es hora de pedir perdón?
El tema no es nuevo. En 2019, México pidió formalmente una disculpa pública por los abusos cometidos durante la Conquista y la Colonia. La respuesta de España fue el silencio. Hoy, la nueva declaración de su canciller, José Manuel Albares, parece abrir una grieta diplomática, pero también una oportunidad para la reconciliación.
Para el historiador José María Murià, el problema no terminó en el siglo XVI. “El tema de la Conquista sigue vivo porque nunca se cerró. La explotación, la marginación y el maltrato a los pueblos indígenas continuaron por siglos. Reducirlo solo a los primeros años es negar el resto de la historia”, señaló.
Desde otra mirada, la socióloga Josefa Sánchez Contreras, originaria de Oaxaca, advierte que el colonialismo sigue presente, aunque con otros nombres: “Las empresas europeas continúan explotando recursos naturales en territorios indígenas. El perdón debe incluir el reconocimiento de esos despojos actuales.”
Ambos coinciden en que una disculpa real tendría que ir acompañada de una revisión profunda de las relaciones entre México y España, no solo diplomáticas, sino económicas y culturales. “No se trata de buscar culpables, sino de asumir responsabilidades históricas y reparar el daño que aún persiste”, apuntan.
Murià recordó, además, un hecho que, paradójicamente, muestra el contraste moral entre ambos países: “México dio refugio a más de 50 mil españoles que huían del fascismo. Les dimos asilo, trabajo y una nueva vida. ¿Por qué no pueden ellos reconocer lo que nos hicieron?”
Aun con posturas divididas, la declaración española representa un paso simbólico. El historiador David Vázquez, presidente del Colegio de San Luis, consideró que el mensaje “abre un camino de diálogo y reconciliación”, aunque aún no es una disculpa formal. Para él, tanto España como México tienen una deuda pendiente: la primera, con su pasado colonial; el segundo, con los pueblos originarios que siguen marginados en su propio país.
Cinco siglos después, el perdón no es solo un gesto político: es una forma de sanar una herida que todavía duele.










