El huevo ha sido por años el rey del desayuno, pero también uno de los más cuestionados. Muchos lo han tachado de enemigo del corazón, aunque la ciencia moderna dice lo contrario: incluirlo en la primera comida del día trae beneficios comprobados.
Un huevo aporta proteína de alta calidad que ayuda a sentir saciedad, evitando que la gente pique entre comidas. Además, es un combo de nutrientes esenciales: vitaminas A, B12, ácido fólico, selenio y yodo. Y si eso no basta, contiene colina, clave para la memoria, el ánimo y la salud cerebral.
Otro punto a favor es la vista: la yema está cargada de antioxidantes como la luteína y la zeaxantina, que protegen los ojos de la degeneración macular y cataratas.
¿Y el eterno debate del colesterol? Estudios recientes muestran que, para la mayoría de las personas sanas, comer uno o dos huevos al día no aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas. El verdadero problema radica en los excesos de grasas saturadas y trans.
Eso sí, la preparación importa: hervidos, escalfados o revueltos con poco aceite son mejores que freírlos con manteca y acompañarlos de tocino.
En conclusión: el huevo no solo es seguro, sino que puede ser un gran aliado en un desayuno balanceado.










