Los perros siempre han sido considerados “el mejor amigo del hombre”, pero ahora la ciencia encontró una razón mucho más profunda para explicarlo. Un nuevo estudio realizado por investigadores del Reino Unido reveló que los golden retrievers comparten genes con los humanos relacionados con la conducta, el aprendizaje y hasta la regulación emocional.
Sí, así como lo lees. Los científicos descubrieron que algunos genes de esta popular raza están vinculados tanto con comportamientos caninos como con rasgos humanos relacionados con la inteligencia, la depresión, la irritabilidad y la forma en que procesamos nuestras emociones.
La investigación analizó el ADN de más de mil 300 golden retrievers adultos, además de estudiar su comportamiento mediante cuestionarios respondidos por sus dueños. Gracias a esto, los expertos lograron identificar varias regiones genéticas asociadas con aspectos como la agresividad, la sociabilidad, el miedo y la facilidad de entrenamiento.
Pero lo más sorprendente fue encontrar que muchos de esos genes también aparecen en estudios sobre salud mental y capacidades cognitivas en personas.
Los investigadores explicaron que estudiar perros puede facilitar este tipo de descubrimientos porque las razas tienen una genética más homogénea que la humana. En otras palabras, es más sencillo detectar qué genes influyen en ciertas conductas.
Los golden retrievers, originarios de Escocia en el siglo XIX, fueron seleccionados durante generaciones mediante cruces controlados, lo que convirtió a la raza en una especie de “mapa genético” ideal para la ciencia.
Eso sí, los expertos aclararon que compartir genes no significa que un perro experimente emociones exactamente igual que un humano. Más bien, estos genes influyen en procesos emocionales generales que cada especie expresa de forma distinta.
Además de ayudar a comprender mejor la mente humana, el estudio podría servir para mejorar la selección y entrenamiento de perros de servicio, especialmente aquellos que trabajan en apoyo emocional o asistencia terapéutica.
Aunque todavía faltan investigaciones en otras razas, el hallazgo abre una puerta fascinante: entender que quizá la conexión emocional entre humanos y perros no solo se siente… también está escrita en el ADN.










