Un nuevo hallazgo científico podría cambiar por completo la forma en que se detecta el Alzheimer… y no tiene que ver directamente con el cerebro.
Investigadores del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento y la Universidad de California en San Francisco encontraron que el gen APOE4, relacionado con un mayor riesgo de Alzheimer, también impacta la salud de los huesos, y lo hace mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas de pérdida de memoria.
El estudio, realizado en ratones y publicado en Advanced Science, reveló que este gen provoca cambios importantes en el tejido óseo, especialmente en hembras. De hecho, los huesos pueden volverse más frágiles sin que esto se note en estudios tradicionales como radiografías o pruebas de densidad.
Lo más llamativo es que estas alteraciones ocurren antes de cualquier señal cognitiva. Es decir, el cuerpo podría estar “avisando” del riesgo de Alzheimer mucho antes de que la enfermedad se manifieste en el cerebro.
Los científicos analizaron más de mil 900 proteínas en huesos y detectaron que sustancias como la apolipoproteína E (APOE) aumentan con la edad, afectando directamente la calidad del hueso. En hembras con el gen APOE4, los cambios fueron mucho más marcados que en machos.
Aunque el tamaño o la densidad del hueso no parecen cambiar, sí lo hace su resistencia: los huesos se vuelven menos elásticos y más propensos a fracturas.
Este descubrimiento abre la puerta a nuevas formas de detectar el Alzheimer de manera temprana, especialmente en mujeres. Incluso, los expertos plantean que las células del hueso podrían convertirse en una especie de “alerta biológica”.
Además, refuerza una idea clave: el cuerpo no funciona por partes aisladas. Lo que pasa en el cerebro también puede reflejarse en otros órganos.
Por ahora, aunque no existe una cura para el Alzheimer, estos avances podrían ayudar a anticiparlo y mejorar la calidad de vida de quienes tienen mayor riesgo.









