Durante años, los refrescos han estado en la mira por su relación con la obesidad y la diabetes. Hoy, la ciencia suma una advertencia más: su impacto directo en la salud mental.
Un metaanálisis publicado en la revista Food & Function analizó 15 estudios internacionales con más de 521 mil personas. Los resultados son claros: quienes consumen refrescos de forma habitual tienen hasta 39% más riesgo de presentar síntomas de depresión y ansiedad crónica.
La investigación, encabezada por científicos vietnamitas, identificó que más de 55 mil participantes ya presentaban signos clínicos de depresión. Al comparar hábitos, el consumo elevado de bebidas azucaradas apareció como un factor constante de riesgo.
Los expertos explican que el daño no es solo emocional. El exceso de azúcar genera neuroinflamación, altera la microbiota intestinal —clave para la producción de serotonina— y provoca picos de glucosa que afectan el sistema de recompensa del cerebro.
Aunque no se estableció una cantidad exacta de refrescos “segura”, el estudio advierte que el simple hábito de consumo frecuente ya eleva el riesgo. Por ello, los autores llaman a tratar estas bebidas como un problema de salud pública, similar al tabaco.
En un contexto donde la depresión afecta a millones de personas, la recomendación es clara: reducir el consumo de bebidas azucaradas también puede ser una forma de cuidar la salud mental.









