Dormir bien se está volviendo un lujo… pero una tendencia viral promete ayudarnos sin gastar un solo peso: bañarse a oscuras antes de dormir. Aunque suena raro, esta práctica ya está arrasando en redes y, según expertos, tiene más ciencia detrás de lo que parece.
De acuerdo con el psiquiatra Daniel Amen, reconocido especialista en neuroimagen, la luz es un “interruptor” directo del cerebro. Si hay luz brillante —sobre todo luz azul— el cuerpo cree que debe mantenerse despierto. Sube el cortisol, baja la melatonina y el sueño se aleja. Pero en cuanto apagamos las luces, el cerebro entiende que es momento de bajar revoluciones y activar el modo descanso.
Amen explica que la oscuridad funciona como “apagar el radar de amenazas” del cerebro. Menos luz, menos estimulación y menos ansiedad. Y para muchas personas, eso se traduce en una mente más tranquila y un sueño más profundo.
La rutina, según el especialista, es sencilla: luces tenues desde una hora antes de dormir, ducha con luz muy baja o sin luz, aromas relajantes y un ambiente fresco. Todo esto ayuda a que el cerebro relacione ese momento con descanso. Ideal para quienes batallan con ansiedad, TDAH o insomnio.
Eso sí, no todo es para todos. Amen recomienda evitar la oscuridad total en personas con antecedentes de trauma o depresión, ya que podría generar incomodidad. En esos casos, una luz cálida tenue es suficiente.
Más allá de una moda, bañarse a oscuras se ha convertido en una forma simple y natural de reconectar con el cuerpo, bajar el estrés del día y preparar la mente para dormir “como bebé”. Y lo mejor: es gratis, accesible y cualquiera puede adaptarlo a su propio ritmo.









