Para miles de mexicanos, el día arranca mucho antes de llegar al trabajo… empieza atorado en el tráfico. Y aunque parezca una rutina normal, la neta es que está pasando factura —y fuerte— a la salud mental.
Un estudio del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) dejó claro que no es solo el cansancio: cada minuto extra en el tráfico aumenta el riesgo de presentar síntomas de depresión. Así como suena. De hecho, por cada 10 minutos adicionales de traslado, el riesgo sube 0.5%. Pero si hablamos de retrasos inesperados, el golpe es peor: el riesgo aumenta hasta 0.8%.
¿La razón? La incertidumbre. No saber cuánto tiempo más estarás atorado genera más estrés que el trayecto normal.
Pero ahí no acaba la cosa. Investigaciones de la UNAM advierten que este desgaste diario ya es un problema serio de salud pública, sobre todo en zonas como el Valle de México, donde el estrés por traslados puede alcanzar hasta el 35% de los viajeros.
Y ojo con esto: manejar no siempre es la mejor opción. El estudio también revela que quienes usan transporte público tienen hasta 4.8% menos probabilidad de sufrir depresión. ¿Por qué? Porque no tienen que lidiar con el caos vial y pueden aprovechar el tiempo para relajarse, escuchar música o simplemente desconectarse.
Especialistas en neurología explican que el tráfico mantiene al cerebro en “modo alerta” constante. Entre el ruido, la contaminación y la tensión, el cuerpo reacciona como si estuviera en peligro todo el tiempo.
¿El resultado? Irritabilidad, problemas para dormir, menos tiempo con la familia y cero ganas de hacer ejercicio. En pocas palabras: el tráfico no solo te quita tiempo… te va desgastando poco a poco.









