Tragarte una espina de pescado puede pasarle a cualquiera… y sí, el susto es inmediato. Sobre todo en temporadas como Cuaresma, donde el pescado está en todas las mesas. Pero ojo: lo importante no es entrar en pánico, sino saber qué hacer (y qué NO hacer).
Especialistas en salud coinciden en algo clave: nada de meter los dedos o utensilios en la boca para intentar sacar la espina. Aunque parezca buena idea en el momento, esto puede provocar heridas en la garganta o incluso complicar más la situación.
Si la espina es pequeña y no hay síntomas graves, el cuerpo tiene formas de ayudar a expulsarla. Por ejemplo, toser con fuerza puede ser suficiente si está en una zona superficial. También hay trucos sencillos que ayudan, como comer plátano, pan o arroz, ya que su textura puede atrapar la espina y llevarla al estómago.
Otra opción es tomar un poco de aceite de oliva, que ayuda a lubricar la garganta para que la espina se deslice sin causar daño. Incluso hacer gárgaras con agua tibia y sal puede ayudar a relajar la zona y disminuir la molestia.
Pero no todo es “remedio casero”. Hay señales que no se deben ignorar: si hay dificultad para respirar, dolor fuerte en el pecho, imposibilidad para tragar o sangrado, la recomendación es clara: acudir de inmediato a urgencias.
La mejor estrategia siempre será prevenir. Limpiar bien el pescado, elegir especies con menos espinas como salmón, atún o tilapia, y comer con calma puede evitar este mal rato.
Porque sí, una espina puede ser pequeña… pero si no se maneja bien, el problema puede crecer.








