Dr. Arnulfo L´Gámiz Matuk *Investigador del CICSA de la Universidad Anáhuac *Miembro de la Academia Mexicana de Educación
La hipertensión arterial, conocida como el mal silencioso, recibe este nombre porque no suele presentar síntomas, aunque poco a poco va dañando distintas partes del cuerpo. La presión que, de forma natural, ejerce la circulación de la sangre sobre las arterias es algo común, pero no debe superar los 120/80, donde la cifra alta corresponde a la presión sistólica, es decir, la presión cuando el corazón late, y la cifra baja a la presión diastólica, que es la presión cuando el corazón se relaja entre latidos.
Cuando estas cifras se superan de manera frecuente y constante, pueden causar daños en órganos como el cerebro, el corazón, los riñones, los ojos, entre otros tejidos de nuestro cuerpo. Más allá de ser solo un número elevado en el tensiómetro, la hipertensión arterial representa una alteración profunda en la dinámica del sistema cardiovascular que, con el tiempo, compromete la salud.
La forma de medir la presión es relativamente sencilla. De hecho, en la actualidad existen instrumentos de fácil uso. El más empleado es el baumanómetro o esfigmomanómetro, que se coloca en el brazo, procurando que la parte inferior del brazalete quede aproximadamente a tres centímetros por encima del pliegue del codo. Para fines no profesionales, también se puede utilizar el que se coloca en la muñeca. Recomiendo que, antes de usar su aparato, se acerque a un profesional de la salud para recibir la capacitación adecuada. Si no se siente confiado(a) para realizar la medición por sí mismo(a), puede acudir a un centro de salud para que se la realicen.
Lo que sí es muy recomendable es tomarse la presión con relativa frecuencia, y con mayor regularidad si ya se padece la patología de la hipertensión, en cuyo caso la medición debe realizarse diariamente. Sin embargo, aunque no se sufra de esta enfermedad, conforme se avanza en edad es importante tomarse la presión con relativa frecuencia.
Pero hay que destacar que se trata de una patología muy frecuente y grave por los daños que ocasiona, por lo que la prevención es la mejor solución. En caso de ya padecerla, es fundamental brindarle toda la atención médica necesaria, cumpliendo estrictamente con la medicación y las recomendaciones para su control. De hecho, la propia vida está en alto riesgo cuando se tiene presión arterial alta.
LAS MEDIDAS PARA LA PREVENCIÓN DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL O EN SU CASO PARA SU CONTROL SON:
- Toma frecuente y periódico de la presión arterial.
- Dieta baja en sal y grasas saturadas.
- Ejercicio diario y regular.
- Evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol.
- Cumplir con el tratamiento médico prescrito, en caso de estar ya hipertenso/a.
LOS PRINCIPALES DAÑOS QUE OCASIONA LA PRESIÓN ARTERIAL ALTA SON:
- Engrosamiento de las paredes arteriales (hipertrofia muscular de los vasos).
- Pérdida de elasticidad en las arterias, lo que aumenta la resistencia al flujo sanguíneo.
- Daño del endotelio (la capa interna de las arterias), que favorece la acumulación de grasas y la formación de placas ateroscleróticas.
Este proceso conduce a una menor irrigación de los tejidos y a un incremento del riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y falla renal, entre otros trastornos.
Ya, de forma específica por órganos o sistemas, los daños más comunes se presentan en el siguiente orden de importancia: primero, en el corazón, ya que la hipertensión obliga al músculo cardíaco a trabajar con mayor esfuerzo para vencer la resistencia vascular. Esto provoca que el ventrículo izquierdo se engrose y se vuelva ineficiente; globalmente, el corazón deja de bombear la sangre de manera adecuada. Además, se incrementa la arterioesclerosis y se produce daño en las arterias coronarias, lo que puede derivar en infartos de miocardio. También pueden aparecer arritmias.
Por otro lado, un daño importante se produce en el cerebro, pudiendo ocasionar accidentes cerebrovasculares y un deterioro al reducir la perfusión cerebral, lo que puede derivar en demencia. En términos generales, esto se manifiesta en pérdida de memoria, falta de coordinación y dificultades en el lenguaje, entre otras funciones específicas del cerebro.
El daño a los riñones también es muy frecuente, ya que la hipertensión produce endurecimiento y estrechamiento de las arterias renales, pérdida de la función renal o insuficiencia renal crónica, una etapa avanzada que puede requerir diálisis o trasplante.
El impacto en los ojos se manifiesta por el estrechamiento de las arteriolas retinianas, hemorragias, exudados y, en casos graves, pérdida parcial o total de la visión.
El daño en el sistema vascular periférico puede causar dolor o calambres en las piernas al caminar, así como riesgo de úlceras o necrosis tisular debido a la falta de oxígeno.
Otros daños, muchas veces poco valorados, se encuentran en el ámbito de las relaciones psicológicas y sociales, ya que tener hipertensión arterial genera ansiedad, miedo y estrés. Asimismo, las restricciones en la dieta, la necesidad de ejercicio y el consumo de medicamentos de por vida pueden afectar la calidad de vida del paciente.
LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL ES UNA ENFERMEDAD SILENCIOSA PERO DEVASTADORA.
CUIDAR NUESTRA PRESIÓN ARTERIAL ES CUIDAR LA VIDA MISMA









