¿Alguna vez te has quedado profundamente dormido en el sofá, pero cuando finalmente vas a la cama ya no puedes conciliar el sueño? Aunque muchos lo atribuyen únicamente al cansancio, especialistas en psicología y sueño señalan que este hábito también podría estar relacionado con el estrés, la autoexigencia y la dificultad para desconectarse al terminar el día.
De acuerdo con expertos, las personas que suelen quedarse dormidas en el sofá con frecuencia acostumbran llevar jornadas intensas, llenas de responsabilidades y múltiples tareas. Al llegar la noche, el agotamiento mental es tan grande que el cuerpo aprovecha el primer momento de relajación para quedarse dormido, incluso antes de llegar a la cama.
La psicología también explica que este comportamiento puede reflejar una dificultad para «desconectar» de las preocupaciones diarias. En algunos casos, el sofá se convierte en un espacio de transición donde la mente se siente más relajada, mientras que la cama puede asociarse con pensamientos pendientes, ansiedad o incluso sentimientos de soledad.
Otro aspecto que señalan los especialistas es la llamada procrastinación nocturna: retrasar el momento de ir a dormir porque aún quedan pendientes o simplemente porque cuesta dejar atrás las actividades del día. Esa resistencia hace que el sueño aparezca de manera inesperada mientras se ve televisión o se usa el celular en el sofá.
Sin embargo, los expertos aclaran que quedarse dormido en el sofá de vez en cuando no representa un problema. Lo importante es prestar atención cuando este hábito se vuelve frecuente, ya que puede afectar la calidad del descanso y provocar molestias físicas por dormir en una postura poco adecuada.
Mantener horarios regulares de sueño, reducir el uso de pantallas antes de dormir y crear una rutina de relajación pueden ayudar a que el descanso ocurra donde realmente debe ser: en la cama.









