La pérdida auditiva no siempre llega de golpe. En muchos casos, el daño aparece poco a poco y puede pasar desapercibido durante años, hasta que escuchar una conversación comienza a convertirse en todo un reto.
Uno de los principales factores es la exposición prolongada a sonidos intensos. Escuchar música con audífonos durante varias horas, permanecer constantemente en lugares ruidosos o trabajar cerca de maquinaria puede aumentar el riesgo de afectar la audición.
El volumen también importa. Una exposición cercana a los 85 decibeles durante ocho horas ya representa un límite importante, mientras que algunos audífonos pueden alcanzar hasta 110 decibeles, nivel en el que el daño puede presentarse en apenas unos minutos.
Una forma sencilla de saber si el volumen está demasiado alto es fijarse en lo que ocurre alrededor: si las personas cercanas pueden escuchar claramente la música que sale de tus audífonos, probablemente sea momento de bajarle.
Como medida preventiva, se recomienda mantener el volumen aproximadamente entre 50% y 60% de la capacidad máxima y hacer pausas cuando se utilizan audífonos durante periodos prolongados.
No todo es culpa de los audífonos
El cuidado de los oídos va mucho más allá de controlar el volumen. El consumo de nicotina, tanto mediante cigarrillos como productos de vapeo, puede afectar el flujo sanguíneo que necesitan las estructuras del oído interno para funcionar correctamente.
El consumo excesivo de alcohol también puede influir en la capacidad del cerebro para procesar determinados sonidos, especialmente algunas frecuencias bajas.
La alimentación es otro elemento que puede contribuir al cuidado general del organismo. Una dieta variada que incluya pescado, frijoles, arroz, frutas y té aporta componentes antioxidantes y antiinflamatorios que pueden favorecer la salud.
Sin embargo, hay un factor que no podemos detener: la edad.
El envejecimiento es una de las principales causas de pérdida auditiva y puede provocar presbiacusia, un deterioro relacionado con los cambios que ocurren en el sistema auditivo con el paso de los años.
De hecho, más de la mitad de las personas mayores de 75 años presentan algún grado de pérdida auditiva.
Estas señales no deberían ignorarse
El problema es que muchas personas se acostumbran gradualmente a escuchar menos y comienzan a modificar su comportamiento sin darse cuenta.
Subir cada vez más el volumen de la televisión, pedir constantemente que repitan las cosas o tener problemas para seguir una conversación en un restaurante pueden ser señales de alerta.
También es importante prestar atención al tinnitus, ese molesto zumbido o sonido recurrente en los oídos.
A estos factores se suman la exposición laboral al ruido, algunos medicamentos ototóxicos y la genética. En el caso de los medicamentos, ningún tratamiento debe suspenderse por cuenta propia; siempre es necesario consultar al médico.
La buena noticia es que existen medidas sencillas para reducir riesgos: bajar el volumen de los audífonos, descansar los oídos, utilizar protección en ambientes ruidosos y buscar una evaluación profesional cuando aparezcan cambios en la audición.
Porque cuidar los oídos hoy puede ayudar a seguir disfrutando de las conversaciones, la música y todos esos sonidos que forman parte de nuestra vida cotidiana.









