En Japan, dos ciudades están demostrando que incluso lo más complicado de reciclar puede tener una segunda vida: los pañales usados.
Todo comenzó en la década de los 90, cuando los municipios de Shibushi y Osaki, en la prefectura de Kagoshima, hicieron un cálculo alarmante: su relleno sanitario estaría lleno para el año 2004 si no reducían su basura.
La solución fue avanzar paso a paso en el reciclaje, primero con materiales sencillos como vidrio, papel y metales, y después con uno de los residuos más difíciles y desagradables: los pañales.
Hoy, estas ciudades logran reciclar hasta el 80% de sus residuos domésticos, una cifra muy por encima del promedio nacional. En este proceso participa la empresa Unicharm, que ha desarrollado tecnología para transformar estos desechos en nuevos materiales útiles.
El sistema funciona con una separación detallada: los pañales se recolectan, se lavan y se trituran para separar plástico, pulpa y polímeros absorbentes. Posteriormente, se esterilizan con ozono para eliminar bacterias y malos olores.
La pulpa recuperada ya se utiliza nuevamente en la fabricación de productos higiénicos, mientras que la empresa trabaja para reutilizar otros componentes en los próximos años.
Además, la recolección tiene una particularidad: los residentes deben identificar sus bolsas para garantizar la trazabilidad del proceso.
Japón ahora busca que al menos 100 ciudades adopten este sistema para el año 2030, con la idea de reducir al máximo el impacto de los residuos.
Una idea simple que está cambiando la forma de ver la basura: incluso lo que nadie quiere tocar, puede volver a servir.









