Discutir no siempre significa pelear. Según el psicólogo Luis Antonio Monzón, una discusión puede ser simplemente poner una idea sobre la mesa y verla desde distintos puntos de vista. Sin embargo, no todos saben manejar esos momentos sin que acaben en pleito.
La psicóloga Nicole LePera compartió en redes una técnica sencilla pero poderosa: usar la frase “La historia que me cuento es…” seguida de lo que creemos que está pasando y después preguntar si es cierto. Este pequeño cambio puede desactivar la tensión y abrir la puerta a una conversación más honesta.
Por ejemplo: “La historia que me cuento es que últimamente trabajas mucho y creo que no quieres pasar tiempo conmigo. ¿Es así?”. Con esto, en lugar de atacar, se busca entender.
LePera también aconseja evitar comportamientos “ganadores” como llevar la cuenta de errores, insultar o castigar retirando afecto. En relaciones sanas, el objetivo no es vencer, sino entender.
Otra clave es darse espacio cuando las emociones están al tope. Decir que necesitas un momento y retomar luego puede evitar palabras de las que te arrepientas.
Y ojo: muchas discusiones no son por lo que parece. A veces, detrás de un reclamo hay sentimientos más profundos, como no sentirse visto o valorado. Reconocerlo y disculparse cuando sea necesario es una señal de madurez emocional.
Finalmente, la especialista recuerda que el pasado influye: reacciones intensas pueden tener raíces en la infancia. Entenderlo no significa tolerar malos tratos, sino poner límites claros.









