Aunque muchas personas relacionan la grasa abdominal únicamente con un tema estético, especialistas advierten que también puede ser una señal temprana de problemas graves de salud, como infartos y enfermedades del corazón.
El cardiólogo Julio Sauza Sosa explicó que la obesidad o acumulación excesiva de grasa corporal puede ser el punto de inicio del llamado síndrome cardiovascular metabólico renal, una condición que afecta al corazón, los riñones y el sistema vascular.
Durante años, enfermedades como la diabetes, la obesidad y la presión alta fueron tratadas como problemas separados; sin embargo, hoy se sabe que forman parte de un mismo proceso que puede afectar varios órganos al mismo tiempo.
El especialista señaló que uno de los principales problemas es que cerca del 90% de los casos no presenta síntomas, por lo que muchas personas descubren la enfermedad hasta que ocurre una complicación grave, como un infarto.
Por ello, recomendó prestar atención a una medida sencilla: la circunferencia de la cintura. Este dato puede ayudar a detectar un aumento de grasa visceral, considerada uno de los primeros signos de riesgo.
Para medirla correctamente se debe utilizar una cinta métrica y colocarla a la mitad entre la última costilla y el hueso de la cadera, aproximadamente a la altura del ombligo.
En población mexicana y latina, la referencia es mantener una cintura menor a 90 centímetros en hombres y menor a 80 centímetros en mujeres. Otra regla práctica es que la cintura debe medir menos de la mitad de la estatura.
Si la medida supera estos límites, los especialistas recomiendan acudir a revisión médica y realizar estudios como química sanguínea para conocer niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos.
El cardiólogo destacó que prevenir es clave, ya que el daño cardiovascular puede avanzar durante años sin causar molestias. Por ello, recomendó mantener chequeos anuales y cuidar tres hábitos fundamentales: alimentación saludable, ejercicio constante y evitar factores de riesgo como el tabaquismo y el estrés excesivo.
Entre las recomendaciones están reducir refrescos, azúcares y alimentos procesados; aumentar el consumo de verduras y alimentos naturales; realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal e incluir ejercicios de fuerza.
Finalmente, recordó que algunos síntomas de un infarto pueden confundirse con un ataque de pánico. Ante dolor u opresión en el pecho, sudor frío, náuseas o molestias que llegan al cuello o mandíbula, la única forma de confirmarlo es mediante estudios médicos en un hospital.









