En México, las enfermedades relacionadas con el estilo de vida están avanzando a un ritmo alarmante, colocándose no solo como las principales causas de muerte, sino también como las que más rápido crecen. De acuerdo con las cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas 2024 del INEGI, los padecimientos que más vidas cobran son las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos.
Enfermedades que hasta hace unas décadas se consideraban “controlables” hoy superan incluso las cifras de mortalidad de la pandemia. El caso más crítico es el de las enfermedades del corazón, cuya tasa de defunciones creció un 20.7% en los últimos cinco años, alcanzando 148.1 muertes por cada 100 mil habitantes en 2024.
La diabetes mellitus, que ya es un problema histórico en el país, mantiene un incremento constante, con una tasa que pasó de 82.0 a 86.6 por cada 100 mil habitantes en el mismo periodo. Aunque su aumento no es tan acelerado como el de las cardiopatías, la magnitud de muertes que provoca es casi tres veces mayor que en otros países de la región.
Otro dato alarmante es el crecimiento de los tumores malignos (cáncer), cuya tasa subió de forma sostenida hasta superar los niveles registrados durante la emergencia sanitaria por Covid-19.
Entre las enfermedades que han mostrado un repunte inesperado está la insuficiencia renal. Aunque ocupa el décimo lugar en la lista de causas de muerte, su incremento del 16.5% en los últimos cinco años la convierte en la segunda de más rápido crecimiento después de las enfermedades del corazón.
En contraste, las enfermedades del hígado y las cerebrovasculares han mostrado una ligera disminución. En el caso del hígado, la tasa pasó de 31.9 a 31.3 muertes por cada 100 mil habitantes; mientras que las cerebrovasculares bajaron de 27.8 a 26.8.
Las cifras también muestran diferencias importantes entre hombres y mujeres. Aunque ambos sexos comparten las tres principales causas de muerte, los hombres presentan un número significativamente mayor de muertes por accidentes, homicidios y enfermedades del hígado, mientras que en las mujeres las enfermedades cerebrovasculares ocupan el cuarto lugar.
Detrás de estos números hay un denominador común: la relación directa entre los hábitos de vida y la salud. Una dieta poco equilibrada, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y tabaco, así como el estrés crónico, son factores que alimentan estas estadísticas.
El panorama es preocupante, pero no definitivo. Expertos en salud pública insisten en que la mayoría de estas enfermedades son prevenibles mediante cambios sostenidos en el estilo de vida: alimentación balanceada, actividad física regular, chequeos médicos y manejo adecuado del estrés.
La tendencia actual exige más conciencia individual y políticas públicas efectivas que fomenten la prevención. Porque, aunque las cifras son frías, cada número representa una vida que pudo haberse salvado.









