Entender el amor no es tan sencillo como las películas prometen, y eso lo dejó clarísimo la especialista en relaciones Jillian Turecki en una charla para The Dr. Hyman Show. Según la autora, el amor se complica porque cargamos miedos, heridas y expectativas que terminan metiéndose en nuestras relaciones sin pedir permiso.
Turecki explica que el gran terror humano es “no ser suficiente”, y que desde ahí nacen los pleitos, la ansiedad y esa sensación de que algo siempre puede salir mal. Para colmo, agrega que la mayoría ni siquiera ve realmente a su pareja: ve al ex, a papá, a mamá o a cualquier historia que quedó pendiente. O sea, proyectamos más de lo que amamos.
La experta insiste en que el chiste está en aprender a regular lo que sentimos antes de convertir a la pareja en “el enemigo” en nuestra cabeza. Una pausa, una caminadita o respirar profundo puede salvar discusiones enteras. Y, claro, reconocer que nuestro comportamiento sí está bajo control, aunque cueste aceptarlo.
Sobre cómo construir seguridad en una relación, Turecki no titubea: respeto y confianza, punto. Sin eso, no hay base. Dice que lo importante no es no pelear, sino saber reparar después del conflicto: hablar, escuchar y reconectar.
También señala que la infancia y la cultura se meten en nuestras decisiones amorosas más de lo que creemos. Crecimos creyendo que amar es desear, cuando en realidad son cosas muy distintas. Y esa confusión genera relaciones frágiles que se rompen a la menor provocación.
En cuanto a los corazones rotos, Turecki advierte que el desamor es “una locura temporal”, casi una crisis de identidad. Pero la salida no está en pensar en la relación perdida, sino en lo que falta en tu vida: propósito, comunidad o autocuidado. Una persona conectada consigo misma rara vez vuelve a donde le hicieron daño.
La experta también recomienda apostar por la empatía, la generosidad emocional y la capacidad de tolerar diferencias cotidianas. Además, sugiere fijarse en el carácter antes que en la apariencia, y elegir parejas con valores y visión de vida compatibles. Porque, al final, el amor sano es menos drama y más crecimiento.









