Cocinar pollo parece de lo más básico en casa, pero hay un detalle que muchos pasan por alto y que puede terminar en una fuerte infección intestinal. No basta con ver si la carne ya cambió de color o si “se ve bien cocida”; especialistas advierten que eso no garantiza que esté libre de bacterias peligrosas.
El experto en seguridad alimentaria, Santiago González, explicó que el verdadero indicador para saber si el pollo es seguro no es visual, sino la temperatura interna. Para evitar enfermedades como la Salmonella o Campylobacter, el pollo debe alcanzar al menos 75 °C en su parte más gruesa.
Y es que el pollo crudo puede alojar bacterias tanto en su superficie como en su interior. Lo más sorprendente es que lavarlo antes de cocinarlo, una práctica muy común, puede empeorar la situación. Organismos de salud advierten que esto solo dispersa bacterias por la cocina, contaminando utensilios, superficies y hasta otros alimentos.
Además del termómetro, hay señales que pueden ayudar: los jugos deben salir claros, sin tonos rosados, y la carne debe sentirse firme, sin partes blandas. Sin embargo, confiar solo en esto sigue siendo un riesgo.
Entre los errores más comunes están usar la misma tabla para pollo crudo y otros alimentos, no desinfectar utensilios o descongelar a temperatura ambiente. Todo esto facilita la contaminación cruzada.
Los síntomas de una infección pueden ir desde náuseas y vómitos hasta diarrea intensa, fiebre y deshidratación. En casos graves, especialmente en niños o adultos mayores, puede requerir atención médica.
La recomendación es clara: cocinar bien el pollo no solo mejora su sabor, también protege tu salud. Porque en la cocina, un pequeño descuido puede salir caro.









