Envejecer es parte de la vida, pero llegar a la tercera edad con fuerza, equilibrio e independencia no debería dejarse a la suerte. Uno de los principales retos después de los 65 años es la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, conocida como sarcopenia.
De acuerdo con el doctor Antonio Barbosa, fisiatra y director del centro de rehabilitación física Crefi, la disminución de la fuerza muscular puede afectar la marcha y el equilibrio, aumentando el riesgo de sufrir caídas que pueden tener consecuencias importantes para los adultos mayores.
El especialista explicó, en entrevista para El Heraldo Radio, que la pérdida de fuerza puede agravarse cuando no se ha trabajado la musculatura durante años anteriores. Además, con la edad pueden presentarse cambios en la visión, el oído y la velocidad de reacción, factores que también influyen al momento de caminar o responder ante un obstáculo.
A esto se suman algunos medicamentos, enfermedades neurológicas y otras condiciones que pueden alterar la percepción espacial o la movilidad, por lo que cada persona requiere una valoración adecuada.
La prevención comienza mucho antes de una caída
Para reducir riesgos, Barbosa recomienda realizar una valoración funcional que permita conocer las capacidades de cada adulto mayor y, a partir de ahí, establecer un programa de ejercicios enfocado en fuerza, equilibrio y movilidad.
La meta no es solamente hacer ejercicio por hacerlo, sino recuperar o conservar habilidades que parecen muy sencillas, pero que son fundamentales para mantener la independencia: levantarse de una silla, caminar con seguridad o subir escalones.
También es importante revisar el hogar. El baño y las escaleras pueden convertirse en puntos de riesgo, especialmente cuando existen problemas de equilibrio o movilidad.
Instalar barandales y agarraderas, utilizar sillas adecuadas para el aseo y retirar obstáculos puede ayudar a convertir la casa en un espacio más seguro.
Pero hay algo igual de importante: cuidar sin quitar autonomía. El acompañamiento familiar debe partir de la comunicación y el respeto, ayudando al adulto mayor a mantenerse activo e independiente en lugar de limitar sus actividades por miedo a una caída.
La sarcopenia no tiene por qué convertirse en una sentencia de dependencia. Fortalecer el cuerpo, mantenerse en movimiento y adaptar el entorno son herramientas que pueden marcar una gran diferencia para llegar a la tercera edad con mayor seguridad y calidad de vida.









