En tiempos donde lo natural y lo casero vuelven a tomar fuerza, un remedio sencillo se ha hecho popular: lavarse los pies con vinagre y sal. No es solo consejo de abuela. Instituciones médicas como Cleveland Clinic y portales especializados como Medical News Today han señalado que esta mezcla puede ayudar a mantener una higiene profunda y prevenir molestias leves.
El vinagre contiene ácido acético, conocido por sus propiedades antimicrobianas. Esto puede reducir bacterias y hongos que causan mal olor o infecciones superficiales. La sal, por su parte, ayuda a exfoliar suavemente la piel y eliminar residuos. De acuerdo con Healthline, el resultado son pies más limpios, frescos y suaves.
Especialistas explican que también puede aliviar comezón, ardor y sudoración excesiva, equilibrando el pH de la piel. Eso sí: no sustituye tratamientos médicos si ya existe una infección confirmada.
La American Podiatric Medical Association recomienda usarlo solo como complemento ocasional y mantener siempre una higiene diaria adecuada.
¿Cómo hacerlo? Muy fácil: agua tibia, media taza de vinagre blanco o de manzana y dos cucharadas de sal gruesa. Se remueve, se sumergen los pies de 15 a 20 minutos, se enjuaga y se secan muy bien, especialmente entre los dedos. Portales como WebMD sugieren repetirlo solo una o dos veces por semana.
Pero ojo: no todos deben intentarlo. Personas con diabetes, heridas, grietas profundas o piel muy sensible podrían irritarse o complicar lesiones. En esos casos, mejor consultar al médico.
En resumen, es un truco económico y práctico que puede sumar al autocuidado… siempre con sentido común.









