El planeta se encuentra más cerca que nunca de superar el límite de calentamiento global acordado en el Acuerdo de París de 2015. El nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que, incluso con los compromisos actuales, la temperatura global rebasará los 1.5 °C en la próxima década.
Este aumento, aunque parezca pequeño, representa una amenaza directa a la estabilidad climática del planeta. De cumplirse las proyecciones, el calentamiento se movería entre 2.3 y 2.5 °C, lo que implicaría más olas de calor extremo, sequías prolongadas, pérdida acelerada de ecosistemas y daños irreversibles en regiones vulnerables.
Los avances son limitados: si bien hace una década se proyectaba un incremento de hasta 4 °C, las emisiones de CO₂ siguen aumentando, alimentadas por el uso de carbón, petróleo y gas. Las medidas implementadas hasta ahora no bastan para frenar el ritmo de deterioro ambiental.
Con la COP30 en puerta, los líderes mundiales enfrentan una presión creciente para acelerar las acciones climáticas y garantizar financiamiento para los países más afectados. Según el PNUMA, cada décima de grado cuenta: un aumento de 2 °C, en lugar de 1.5 °C, podría significar la desaparición de hasta el 99% de los arrecifes de coral, una de las bases más importantes del equilibrio marino.
A pesar del panorama desafiante, aún hay esperanza. El organismo insiste en que reducir las emisiones de manera drástica y priorizar las energías limpias puede retrasar —y quizás limitar— el rebasamiento. La década actual será decisiva para determinar si el planeta logra frenar su propio colapso o avanza hacia un futuro más cálido y hostil.










