Después de años de lucha, protestas, evidencia filtrada y la muerte de delfines como Alex y Plata, México da un paso histórico hacia la protección de los mamíferos marinos con la aprobación unánime de la Ley Mincho. Esta reforma prohíbe la reproducción en cautiverio (excepto con fines reales de conservación), las acrobacias, el nado con delfines y la tenencia de nuevos ejemplares para espectáculos.
La ley lleva el nombre de Mincho, un delfín que en 2020 sufrió un accidente brutal durante una acrobacia en el delfinario del Hotel Barceló en la Riviera Maya. El video de su impacto contra el concreto fue la gota que derramó el vaso. Mincho perdió parcialmente la visión, y aun así fue obligado a seguir trabajando. Esa escena desató una ola de indignación que llegó al Senado, impulsada por activistas, expertos y la organización Animal Heroes.
Jerónimo Sánchez, director de dicha organización, celebra este logro como un hito en la lucha contra la explotación animal. Desde 2018, Animal Heroes trabajó para evitar una legislación débil y presionó hasta lograr una reforma integral. “Si hubiéramos cedido, esto no existiría”, dijo Sánchez.
En México existen más de 350 delfines en cautiverio, muchos sin registro oficial. La ley también busca establecer un padrón real y acabar con prácticas como el reemplazo de ejemplares fallecidos por otros sin informar. Hasta ahora, no existía control sobre la reproducción ni seguimiento sobre el estado de salud de estos animales.
La Ley Mincho marca el principio del fin para los delfinarios como los conocemos. Se eliminan las piscinas artificiales como hábitat y se transita hacia modelos más éticos como los corrales marinos. Sin embargo, aún falta un paso importante: la creación de santuarios donde los delfines existentes puedan vivir con dignidad el resto de sus vidas. Animal Heroes trabaja ya con autoridades estatales, especialmente en Quintana Roo, para hacer esto realidad.
La aprobación de esta ley representa más que una victoria jurídica. Es una señal de cambio cultural. Deja claro que el entretenimiento no puede estar por encima de la vida. Y que el respeto por los animales también se legisla.
El mensaje es contundente: nunca más un delfín lastimado por entretener al turismo. La siguiente etapa dependerá de la sociedad: dejar de asistir a espectáculos que lucran con el sufrimiento de estos seres vivos.










