Olvida todo lo que crees saber del capibara: en México tenemos un primo salvaje que merece brillar. El tepezcuintle (también llamado paca) es el roedor más grande de nuestro país: mide hasta 35 cm de alto, pesa entre 7 y 10 kg y vive en madrigueras cerca del agua. A diferencia del capibara social y diurno, el tepezcuintle es solitario y nocturno —una autentica sombra en la selva.
De hábitos frugívoros, consume frutos de al menos 20 especies, incluyendo mamey, aguacate y ceiba, según estudios ecológicos en la Selva Lacandona de Chiapas. También ha adaptado su dieta a áreas transformadas aprovechando frutos cultivados cuando su hábitat cambió. Su rol ecológico es clave: actúa como dispersor de semillas, contribuyendo a la regeneración forestal.
En iNaturalistMX ya se reportan más de 530 observaciones hechas por cerca de 187 naturalistas, una cifra modesta comparada con el efecto “viral” del capibara, pero creciente gracias al interés por la biodiversidad local. Además, su distribución va desde Tamaulipas hasta Brasil, aunque en varias regiones enfrenta presiones por cacería y destrucción de hábitat.
El tepezcuintle es menos conocido, pero no menos impresionante. Su apariencia manchada le da un aire delicado que contrasta con su potencia. Nada con habilidad, corre con paso firme y construye madrigueras subterráneas seguras. Su presencia es especialmente importante en zonas rurales e indígenas donde históricamente ha sido fuente de alimento, aunque hoy representa un símbolo de la megadiversidad mexicana que necesitamos valorar.
Este roedor ejemplifica cómo muchas de nuestras especies tienen historias fascinantes que seguir contando. Mientras el capibara acumula seguidores en Internet, el tepezcuintle ya está listo para tomar su lugar como emblema de fauna mexicana, con personalidad propia y relevancia ecológica.










