Las auroras boreales, con su mágico espectáculo de luces, han fascinado a quienes las observan, pero una misteriosa mancha blanca o grisácea cerca de ellas ha desconcertado a los científicos durante años. Ahora, gracias a un avance revolucionario, un equipo de la Universidad de Calgary ha desvelado el misterio, arrojando luz sobre un fenómeno previamente desconocido que cambia la manera en que entendemos la interacción entre la atmósfera terrestre y la energía solar.
En un artículo publicado en Nature Communications el 30 de diciembre de 2024, liderado por la doctora Emma Spanswick, se identificó estas manchas como una forma de emisión continua estructurada. Según Spanswick, estas manchas están “íntimamente relacionadas con las auroras dinámicas” y presentan características que las distinguen de otros fenómenos como STEVE (Strong Thermal Emission Velocity Enhancement), un arco púrpura conocido que aparece separado de las auroras principales.
El misterio de la mancha blanca
El descubrimiento se logró gracias a las avanzadas cámaras RGB del proyecto Transition Region Explorer (TREx), que han permitido observar el cielo nocturno con una precisión sin precedentes. Estas manchas, descritas como estructuras “blanco-grisáceas” en las imágenes capturadas, se asocian directamente con las auroras boreales y se presentan junto a ellas o incluso antes de que las luces danzantes sean visibles. Esta conexión directa sugiere que las manchas son parte de un proceso más complejo que involucra la energía depositada en las regiones altas de la atmósfera.

Los científicos explican que estas emisiones son diferentes a fenómenos previos como STEVE, que se relaciona con intensas corrientes de partículas subaurorales. En cambio, las manchas blancas parecen originarse de una combinación de precipitación auroral y reacciones químicas en la atmósfera, lo que amplía la comprensión de los procesos que ocurren en nuestra ionosfera.
Implicaciones científicas y futuras investigaciones
Este hallazgo tiene un gran impacto en el estudio de las auroras y su relación con la magnetosfera y la ionosfera. La investigación amplía el entendimiento de cómo se produce el fenómeno auroral, revelando que las manchas blancas son el resultado de un complejo proceso que involucra la interacción entre partículas energéticas, calentamiento atmosférico y reacciones químicas.
Una de las preguntas clave que sigue abierta es el papel de las condiciones locales de la ionosfera en la formación de estas estructuras. El equipo de investigación también sugiere que estos fenómenos podrían usarse como indicadores para monitorear la dinámica del espacio cercano a la Tierra. Además, este descubrimiento subraya la importancia de los avances tecnológicos, como los sensores comerciales de alta sensibilidad utilizados en el TREx, que han permitido a los científicos y a fotógrafos aficionados colaborar en la observación de estos fenómenos.
El impacto educativo de la investigación
Además del descubrimiento científico, el proyecto TREx ha tenido un impacto significativo en la formación de futuros científicos. Uno de los coautores del estudio, Josh Houghton, comenzó como estudiante en prácticas y, gracias a su contribución clave al análisis de los datos, terminó siendo autor en el artículo. Houghton expresó que la experiencia fue increíble y planea continuar investigando este fenómeno en su tesis de grado. Este ejemplo resalta cómo las iniciativas científicas no solo permiten avances importantes, sino que también forman a la próxima generación de científicos.










