En una misión que parecía sacada de un documental de ciencia ficción, un grupo de científicos uruguayos logró lo impensable: descubrir un sistema de arrecifes de coral de aguas frías frente a las costas de Uruguay, vivo y floreciente a más de 200 metros bajo el océano.
El proyecto, conocido como Uruguay Sub200, fue liderado por el biólogo marino Alvar Carranza y la oceanógrafa Leticia Burone, quienes, a bordo del buque de investigación Falkor (too), pasaron casi un mes explorando las profundidades marinas con el vehículo robótico ROV SuBastian. Lo que encontraron fue más grande —y más conmovedor— de lo que imaginaban: una ciudad submarina de vida, conformada por corales milenarios, esponjas gigantes y criaturas nunca antes vistas.
Uno de los momentos más emocionantes fue cuando las cámaras del robot mostraron los arrecifes por primera vez. “Pensábamos que quizá ya no estaban vivos”, dijo Burone, visiblemente emocionada. Pero ahí estaban: intactos, coloridos y llenos de movimiento. El hallazgo confirmó que los corales uruguayos no solo existen, sino que prosperan.
Durante la expedición, el equipo registró más de 30 posibles nuevas especies para la ciencia, desde calamares de cristal hasta corales bambú que crecen en la oscuridad a 2400 metros de profundidad. También exploraron un hito histórico: el naufragio del buque ROU Uruguay, hundido hace tres décadas y que hoy se ha convertido en un arrecife natural lleno de vida.
La misión no solo cambió la visión de la biodiversidad marina del país, sino que también abrió una nueva etapa para la conservación del océano Atlántico sur. “Ver cómo la naturaleza se regenera en silencio te cambia la forma de entender el mar”, compartió Burone tras su regreso.
Más que una investigación, fue un viaje emocional y científico hacia lo desconocido. Un recordatorio de que, incluso en las profundidades más oscuras, la vida encuentra la manera de brillar. 🌊✨










