El jaguar, el felino más grande de América y tercero en el mundo, acaba de recibir un respaldo histórico: 18 países del continente acordaron un plan de acción conjunto para protegerlo y asegurar su supervivencia. Un gesto que trasciende fronteras y envía un mensaje claro: la conservación de esta especie emblemática es un reto común.
Del 22 al 24 de septiembre, la Ciudad de México fue sede de la Segunda Reunión de los Estados del Área de Distribución del Jaguar. En este encuentro participaron representantes de los países donde habita la especie, además de 17 organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales. Más de 80 especialistas coincidieron en que la protección del jaguar no puede seguir dependiendo de esfuerzos aislados.
El resultado fue la definición de cinco compromisos clave. Entre ellos, la creación de un Plan de Acción Regional que coordine las políticas de conservación, la instalación de una plataforma intergubernamental con mecanismos de gobernanza y monitoreo, y la elaboración de un borrador de resolución para la próxima Conferencia de las Partes de la CITES (CoP20). Este documento busca formalizar las acciones conjuntas y asegurar su permanencia.
Los países también acordaron trabajar en mecanismos de financiamiento sostenible, con el apoyo del Banco Mundial, para garantizar que los planes no queden en papel. Además, se alinearán los objetivos con la Convención sobre Especies Migratorias (CMS) y se conformará un grupo de trabajo encargado de reportar avances en reuniones internacionales en 2026.
Para organizaciones como WWF, este paso representa un momento decisivo. María José Villanueva, directora general de WWF México, subrayó que el consenso alcanzado abre una nueva etapa de cooperación internacional en favor de la biodiversidad. A su vez, especialistas remarcaron que la participación de tantos países no solo protege al jaguar, sino que también fortalece los ecosistemas donde habita.
El jaguar es considerado un especie paraguas, es decir, su conservación asegura la protección de miles de plantas y animales que comparten su hábitat. De ahí la relevancia de garantizar corredores biológicos que permitan su desplazamiento y reproducción en libertad.
Además de acuerdos políticos, la reunión mostró ejemplos de proyectos ya en marcha. Entre ellos, la iniciativa financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), que trabaja en México para fortalecer corredores biológicos del jaguar, el oso negro y el lobo mexicano. Estos esfuerzos integran no solo la protección de la fauna, sino también el bienestar de comunidades que conviven con la vida silvestre.
La decisión de 18 países marca un antes y un después en la lucha por preservar al jaguar. Un símbolo cultural, natural y espiritual de América que, con esta alianza, tiene una oportunidad real de seguir rugiendo en nuestras selvas y montañas por generaciones futuras.










