Pequeño en tamaño, pero enorme en sorpresas. El delfín de Héctor, considerado el más pequeño del planeta con apenas 1.4 metros de longitud, ha revelado a los científicos un comportamiento inesperado: puede realizar inmersiones de hasta 120 metros de profundidad, además de ejecutar acrobacias subacuáticas dignas de un espectáculo.
El hallazgo fue posible gracias a dispositivos de rastreo submarino conocidos como DTAG, que registran sonidos y movimientos. Colocados en 11 delfines de Héctor en la Isla Sur de Nueva Zelanda, estos equipos mostraron que la especie no solo nada en superficie, sino que despliega una estrategia de caza variada y sorprendente.
Los registros revelaron que, cuando se alimentan cerca del fondo marino, los delfines se mueven lentamente y se voltean para atrapar peces planos y bacalaos. En cambio, en aguas medias, se vuelven mucho más activos, realizando giros y volteretas para atrapar pequeños cardúmenes. Incluso se documentó a un ejemplar recorriendo 15 kilómetros mar adentro, algo notable para un animal de su tamaño.
Una de las observaciones más llamativas fue escuchar cómo sus clics de ecolocalización, esenciales para orientarse y cazar, se transformaban en un zumbido agudo parecido al de una herramienta eléctrica en el momento en que localizaban a sus presas. Esta adaptación sonora confirma la complejidad de sus tácticas de caza.
Los científicos señalan que este estudio preliminar es clave para entender los riesgos que enfrenta la especie, como la interacción con embarcaciones o redes de pesca. Con una población estimada en solo 15,000 individuos, el delfín de Héctor es un tesoro marino que requiere de protección urgente.
Lejos de ser un simple dato curioso, estas acrobacias submarinas confirman que incluso los animales más pequeños guardan secretos gigantes sobre la vida en el océano. Y cada inmersión registrada abre nuevas posibilidades para entender cómo proteger mejor a esta especie única.










